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Los malos caminos de acceso a ciertos sitios que han visitado han sido algunos retos enfrentados por la comitiva de la Embajada de Japón. (LA PRENSA/CORTESÍA EMBAJADA DE JAPÓN )
Caravana Girasol de Japón visita escuelas
Funcionarios de la Embajada de Japón impulsan jornada educativa
Maryórit Guevara G.
nacionales@laprensa.com.ni
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“Érase una vez...” es la frase favorita con la que Takashi Fuchigami, consejero de la Embajada de Japón, logra captar la atención de los niños y niñas que durante este año ha visitado en 175 escuelas, de un total de 204 escuelas, que fueron construidas con el financiamiento de Japón.

Fuchigami es el “cuenta cuentos” de la Caravana Educativa Girasol, que desde el año 2002 desarrollan los funcionarios de la Embajada de Japón, con el objetivo de que la niñez nicaragüense conozca un poco sobre la cultura japonesa, las costumbres, juegos, idioma y hasta que “vea en carne y hueso a un japonés”.

Los “viajes de paseo”, a como se refieren los protagonistas de la Caravana Educativa Girasol, son planeados para los días viernes, día en que Fuchigami, Yasuhiro Nakayama, Ryoko Kageyama y el nicaragüense Bosco Fonseca, todos funcionarios de la Embajada de Japón, salen rumbo a determinado departamento del país donde, con la solidaridad japonesa, se construyeron escuelas.

VIAJE CANSADO

Los viajes son extensos. Las “lomitas” o los “diez minutos” que los lugareños les aseguran les faltan para llegar a determinado sitio son interminables, en especial para los japoneses. “Es muy divertido escucharlos decirte ‘queda ahí no más’, pero eso es como una y hasta dos horas”, dice la maestra japonesa Ryoko Kageyama.

Sin embargo, esas horas de viaje no los han amilanado y a pesar del mal tiempo y el mal estado de los caminos no han dejado de visitar las escuelas, hasta donde llegan con el único objetivo de convertirse en maestros de la cultura japonesa, para niños y niñas que hasta ese momento solo saben que su escuela fue construida por japoneses.

“Es muy divertido, porque cuando estamos con los niños nos dicen que ellos creían que los japoneses eran de otro planeta”, cuenta entre risas Kageyama, quien dice que su mayor vergüenza la vivió cuando visitaron Boaco, donde “llegué llena de lodo y los niños se asustaron porque decían llegaron de Japón y puro lodo”, ríe nuevamente como niña.

DIVERSAS ACTIVIDADES

En la escuela, el “cuenta cuentos” Takashi Fuchigami también desempeña el papel de asistente de la profesora Ryoko Kageyama y de Bosco Fonseca, quienes desarrollan la clase con los niños y niñas que son escogidos, entre el total de alumnos del colegio. Entre 30 y 40 estudiantes son los que atienden durante cada visita.

¿Qué comen los japoneses?, ¿hay escuelas?, ¿hay montañas?, ¿qué juegan los niños?, son algunas de las preguntas que los estudiantes de primaria, en su mayoría, suelen hacerle a los funcionarios de la Embajada de Japón, cuando éstos se encuentran impartiendo la clase sobre cultura japonesa.

Además comparten juegos, les enseñan arte en origami, así como los vestidos tradicionales de la cultura japonesa. Una de las clases más atractivas para los niños y niñas es la enseñanza del idioma japonés. Son primeras letras las que les enseñan, pero capta la atención de la niñez, debido a sus trazos.

La visita de los funcionarios de la Embajada de Japón se convierte en todo un evento. No sólo los alumnos la esperan emocionados, sino también docentes del Ministerio de Educación y hasta los padres de familia, quienes hasta ese momento, en sus comunidades alejadas, no han conocido a un japonés.

“Los padres de familia llegan emocionados para conocer a los japoneses y es porque dicen que en esos lugares la gente sólo estudia en la escuelita y después no estudian más y se dedican al trabajo en el campo”, explica Kageyama, en alusión a la situación que viven miles de niños y niñas que habitan en las zonas alejadas del país y no tiene acceso a la educación secundaria y menos a una carrera universitaria.

CREAR LAZOS DE AMISTAD

Takashi Fuchigami, consejero de la Embajada de Japón, tiene la esperanza de que al menos uno de los cientos de niños que han visitado y que aún visitarán —debido a que el próximo 12 de agosto firmarán un convenio para la construcción de 27 escuelas— se convierta en un becario de la Cooperación Japonesa.

“Una esperanza aflora en el seno de la Embajada de Japón y es que en un futuro uno de estos niños que hemos visitado se convierta en becario de la cooperación japonesa o al menos que uno de ellos sea capaz de forjar nuevos puentes de amistad y cooperación entre Nicaragua y Japón”, dice.

JORNADA CONTINÚA

Mientras que la profesora Ryoko Kageyama y Yasuhiro Nakayama esperan que con su visita los niños y las niñas se den cuenta de que “en el mundo todas las personas somos iguales, sin distinción de razas y colores”, por ello continuarán sus vistas llevando el mismo mensaje.

De las 204 escuelas construidas, aún les quedan por visitar 29 ubicadas en la Isla de Ometepe y Chontales, por lo que por ahora Takashi Fuchigami no podrá pronunciar el “colorín, colorado este cuento se ha acabado”, con el que termina sus historias a los niños y niñas.

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