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El caso de la propagación de ántrax aumentó la paranoia en Estados Unidos, pues ocurrió tras los atentados del 11 S. En la imagen, policías vigilan la entrada al Capitolio, en el 2002. (LA PRENSA/AFP)
EE.UU. culpa al ‘doctor ántrax’
Pero amigos y familiares dicen que el FBI lo presionó para que asumiera su culpa
Teresa Bouza
Washington/ EFE
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Quieren cerrar caso

Pese a todas las suspicacias generadas por este caso, las autoridades insisten en que las pruebas son concluyentes contra Bruce Ivins y dicen estar preparadas para cerrar el caso y dar a conocer los detalles de la larga pesquisa.

Según información divulgada por la prensa local, el FBI habría determinado, mediante análisis de ADN, que la cepa de ántrax utilizada en los ataques de hace siete años era idéntica a una que manipulaba Ivins en el laboratorio del Ejército.

Las víctimas del ántrax, una bacteria causante de la enfermedad del mismo nombre, también llamada carbunco, recibieron correspondencia contaminada con mensajes referidos a que Bin Laden tenía ántrax y otros gases mortíferos.

Las cartas se enviaban desde el estado de Nueva Jersey a medios de comunicación en Nueva York y Florida y a legisladores demócratas en el Congreso.

Los investigadores dijeron que el móvil del biólogo pudo haber sido conseguir dinero adicional para una vacuna contra el ántrax.

El envío de las cartas contaminadas con la bacteria se produjo poco después de los atentados terroristas perpetrados el 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York, lo que agravó el estado de psicosis que reinaba en el país.

El misterio que ha rodeado la pesquisa sobre los ataques con ántrax de 2001 empezó a aclararse ayer, después de que un juez autorizara divulgar documentos sobre la investigación y el FBI rindiese cuentas en privado a familiares y afectados.

Las más de 100 páginas de documentos que el juez federal Royce Lamberth puso a disposición del público incluyen órdenes de allanamiento del domicilio de Bruce Ivins, un biólogo que trabajaba para el Ejército y principal sospechoso de los ataques de 2001, en los que murieron cinco personas y 17 resultaron heridas.

Declaraciones de amigos y allegados muestran que Ivins, que se suicidó la semana pasada, se vio sometido a una enorme presión por parte del FBI.

El diario The Washington Post cita a un científico amigo del biólogo, quien menciona que el año pasado, cuando Ivins estaba de compras con su familia, un grupo de agentes se dirigió a él diciéndole: “Has matado a varias personas”, y a continuación le preguntaron a su mujer: “¿Sabe que ha asesinado a gente?”.

“un asesino vengativo”

Además, según el mismo testimonio, el FBI ofreció 2.5 millones de dólares al hijo de Ivins y el vehículo deportivo que él quisiera a cambio de que aportara pruebas contra su padre.

La citada fuente aseguró que mientras su hija estaba hospitalizada recibió una visita de agentes policiales, que le enseñaron fotos de las víctimas del ántrax para demostrarle “lo que había hecho” su padre.

Durante los últimos días han salido a la luz inquietantes relatos de la terapeuta que trataba a Ivins por depresión y abuso de alcohol y somníferos, quien lo describe como un asesino vengativo que había intentado envenenar a gente.

Sus amigos y algunos ex compañeros del laboratorio de biodefensa del Ejército de Fort Detrick, Maryland, en el que trabajaba, creen que ese comportamiento obedece a la presión que tuvo que soportar.

El hecho de que las autoridades se viesen forzadas a pagar una indemnización de casi seis millones de dólares a Steven Hatfill, otro científico empleado por el Gobierno, tras concluir que la investigación contra él no se sostenía, no ha hecho más que alimentar el escepticismo.

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