Se congratulaba el señor Ariel Montoya hace unos días, a través de este mismo medio, de lo que calificaba como una “apertura de la clase empresarial a la modernidad”, al haber leído en la revista Estrategia y Negocios una entrevista a Carlos Pellas en la que éste expresaba una vez más su compromiso con la llamada “responsabilidad social empresarial”.
El señor Pellas ha demostrado en numerosas ocasiones que no es sólo retórica. Su apuesta por el compromiso social del sector privado se concreta en la creación de instituciones con fines sociales y la participación activa en el desarrollo de la vida política, social y, por supuesto, económica del país.
Desde Profamilia nos queremos unir a esta celebración y además invitar a todo el sector empresarial nicaragüense a participar en otro aspecto, en el que pueden sumarse a todos los esfuerzos que se vienen haciendo desde la cooperación internacional, las organizaciones de la sociedad civil y el sector de salud pública del Estado, y en el que pueden desempeñar un papel decisivo; esto es, la prevención del VIH.
Entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio figura combatir el VIH-sida, puesto que se plantea como un problema de salud pública a nivel mundial. Ya supera el uno por ciento de la población afectada en dos países centroamericanos: Guatemala y Honduras. Se entiende que cuando alcanza el dos por ciento, se convierte en una situación de muy difícil y costosa reversión.
En Nicaragua, aparentemente (no hay estadísticas confiables), el VIH-sida no ha alcanzado estas tasas, pero se ha observado un crecimiento alarmante desde 2004. En cualquier momento, esta situación se puede disparar y convertirse en un verdadero desequilibrante de la economía.
El sector empresarial sería uno de los primeros en verse afectado, puesto que si se agrava la situación, incidiría directamente sobre la fuerza laboral, al consumo en el mercado y a las arcas del Estado finalmente, sumándose a los impedimentos ya existentes para alcanzar el deseado estadio de desarrollo económico del país.
La responsabilidad en la respuesta debe ser compartida, y el sector empresarial tiene a su alcance una de las llaves importantes para abrir la puerta de la prevención: la acción de sensibilización social.
Sin necesidad de ningún desembolso extra por parte de las empresas, éstas pueden hacer un gran esfuerzo de sensibilización hacia sus propios directivos en primera instancia; hacia toda su fuerza laboral; y hacia toda la sociedad en general, a través de acciones sencillas e ingeniosas, pero de alto impacto social. Es más, la publicidad favorable obtenida con estas acciones por parte de las grandes compañías se estima en millones de dólares, pues tocan algo que es de incalculable valor para la empresa: la imagen.
Existen decenas de experiencias en todo el mundo en que el sector privado se ha comprometido con el sector público y las organizaciones de la sociedad civil para anticiparse a una situación creciente de incidencia: desde asociaciones internacionales —Consejo Mundial de Empresarios contra el Sida—, en el que participan algunas de las empresas más grandes del mundo, como MTV, Coca Cola, Levi Strauss, Daimler Chrysler, Unilever, Standard Chartered Bank; regionales, como la Red Europea sobre Sida y Empresa; a nivel nacional, como la Coalición Empresarial Sudafricana sobre el VIH-Sida (CESS) o la Coalición Empresarial Tailandesa sobre el Sida (CETS); hasta acciones individuales, como Body Shop Japón, Hoteles Marriot Varsovia, Chevron Nigeria, Volkswagen Brasil, Shell Company Tailandia…
El “desfase entre el sector privado y la clase política”, que lamenta el señor Pellas en su entrevista, en cuanto a la dificultad de comunicación para la discusión de una agenda económica, encuentra en este aspecto una buena oportunidad de diálogo y acción conjunta en un plano social de gran trascendencia económica y que seguro pudiera ser un orgullo de la empresa nicaragüense a nivel internacional. Profamilia ofrece sus buenos oficios y todo el aparato de la institución para este fin.