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El factor juventud
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Un grupo de jóvenes democráticos de ambos sexos trató de realizar el miércoles de esta semana una singular jornada de protesta cívica , en la rotonda Rubén Darío de Managua, donde se atarían a uno de los gigantescos rótulos de propaganda narcisista de Daniel Ortega con la intención de permanecer allí durante 24 horas.

Sin embargo los jóvenes democráticos no pudieron llevar a cabo su acción pacífica y cívica de protesta, porque miembros y simpatizantes sandinistas los atacaron con garrotes, tubos y piedras, igual que el pasado domingo 27 de julio varios miembros de una familia opositora de Managua, fueron agredidos durante la jornada de verificación electoral. De manera que no se pudo realizar la protesta de los jóvenes democráticos, pero no falta de respuesta a la convocatoria sino por la represión orteguista, con lo cual se confirmó lo dicho por una de las muchachas que participaron en la frustrada jornada cívica, de que querían enviar un mensaje público acerca de la necesidad de correr riesgos en la lucha por la libertad, por la democracia y por las reivindicaciones sociales del pueblo nicaragüense.

Como sea, queremos destacar el hecho de que la irrupción de los jóvenes en las protestas cívicas y las actividades políticas, puede ser el punto de partida para el salto de calidad que se necesita en la lucha democrática y libertaria de Nicaragua.

Los adultos y viejos políticos, hablando en términos generales, no le han cumplido a la nación, a la historia y a la nueva generación de nicaragüenses que espera de sus mayores la herencia de un país mejor que el actual. Los adultos y los viejos políticos recibieron en 1990, el valioso tesoro de la libertad y la democracia que el pueblo conquistó en las urnas electorales. Pero los políticos democráticos despilfarraron ese tesoro, lo aprovecharon sólo para su beneficio particular, y finalmente Arnoldo Alemán y su cúpula partidista se lo jugaron a los dados con Daniel Ortega y el FSLN. Y así, mediante el pacto libero-sandinista Alemán le dio a Ortega el control de todo el Estado, incluyendo el poder presidencial por medio de la fórmula del 35 por ciento de los votos para que el caudillo sandinista pudiera volver a ser presidente de Nicaragua. Y quienes se opusieron a esa traición a la democracia, por múltiples razones no pudieron impedir el pacto cuyas nefastas consecuencias tienen al país en una deplorable situación material y una humillante condición política.

En estas circunstancias, la irrupción de los jóvenes a la lucha política cívica y democrática puede ser un factor decisivo en la lucha por revertir la situación actual, antes de que sea preciso pagar costos sociales y humanos tan elevados como los que se pagaron para derrotar a la dictadura somocista y a la primera dictadura sandinista. La verdad es que todavía es tiempo de hacer que el país retome el camino de la libertad, de la democracia y del desarrollo económico que el desgobierno de Daniel Ortega ha interrumpido, y para lograrlo el empuje de la juventud tiene que ser determinante.

A este respecto es muy aleccionadora la experiencia de Venezuela, donde la oposición a la dictadura de Hugo Chávez estaba sumida en una situación de incertidumbre, dispersión y pleitos entre facciones, muy parecida a la que hay actualmente en Nicaragua. Inclusive, en el año 2005 la oposición venezolana se condenó ella misma al suicidio político, al proclamar la abstención en las elecciones parlamentarias y facilitarle a Chávez una aplastante victoria electoral que le permitió apropiarse de todos los escaños de la Asamblea Nacional. Y por ese mismo camino iba la oposición venezolana antes del referendo constitucional del 2 de diciembre del año pasado, hasta que los jóvenes se lanzaron a la calle, impugnaron el claudicante abstencionismo de los políticos y le dijeron a la gente que a pesar de que el chavismo tenía el control total del poder electoral, había que salir a votar y a votar no. Y el resultado fue que Chávez no pudo robarse la votación y más bien fue obligado aceptar su derrota en el referendo, mediante el cual quería asegurarse su reelección presidencial continua y por tiempo indefinido.

Eso mismo podría ocurrir en Nicaragua, si los jóvenes se involucraran más en la actividad cívica, ya sea para ayudarle a los viejos políticos a enderezar el rumbo o para quitarles el liderazgo de la lucha por la libertad y la democracia que no han sabido defender.

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