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El mercado, como el ave Fénix
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El Alcalde de Managua, Dionisio Marenco, ha planteado que después del gran incendio del Mercado Oriental, el recién pasado 31 de julio, hay que reordenar este gigantesco y popular centro de comercio minoritario y ante todo garantizar el acceso y la capacidad operativa de los bomberos y otras fuerzas de auxilio para futuros casos de emergencia. Tiene razón el alcalde Marenco y debe ser apoyado en esto por toda la sociedad. El orden y la seguridad del Mercado Oriental es algo atinente no sólo a sus comerciantes, sino también a todos los habitantes de Managua, particularmente a los pobladores de los populosos barrios circunvecinos.

En realidad, el problema del Mercado Oriental es un asunto de orden público que afecta e interesa a toda la ciudad de Managua y, por extensión, al país entero. A nadie se le puede escapar que de no haber sido por el excelente y extraordinario esfuerzo que realizaron los bomberos, apoyados por efectivos de la Policía y del Ejército y por trabajadores de la empresa de aguas de la ciudad, el incendio se hubiera propagado a los barrios cercanos al Mercado Oriental y habría causado una tragedia de inmensas dimensiones. La verdad es que siempre que se ha hablado de que el Oriental es una bomba de tiempo por el desorden y la inseguridad allí reinantes, se ha pensado en que un incendio podría destruir no sólo el mismo mercado, sino también gran parte de Managua, al menos los vecindarios adyacentes. De modo que ahora, después del gran incendio reciente es oportuno y necesario pensar en cómo transformar al Oriental en un mercado moderno, cómodo y seguro en todos los aspectos, tanto para comerciantes como para compradores. O cuando menos, que junto a la reconstrucción física de dicho mercado no se restablezcan también la irresponsabilidad, el desorden, las condiciones antihigiénicas y la inseguridad.

No cabe ninguna duda de que el Mercado Oriental será reconstruido a corto plazo y que se desarrollará con más pujanza que antes. Al Mercado Oriental le es perfectamente aplicable la metáfora del ave Fénix, el pájaro legendario que renace de sus cenizas. Pero el Oriental no sólo va a resurgir por el tesón de sus comerciantes y la solidaridad social, gremial y económica con sus damnificados. El Oriental renacerá de sus cenizas porque el comercio en general y el mercado en particular son absolutamente indispensables para la vida social.

La necesidad de vender y comprar es inherente a la naturaleza humana y condición fundamental de la existencia social. Además, el comercio en cualquiera de sus dimensiones y en todas ellas representa el motor fundamental del desarrollo económico y el progreso social. Más que la industria, que el desarrollo tecnológico, la minería o la agricultura, la fuerza que ha impulsado siempre el desarrollo y el progreso de la historia ha sido el intercambio de mercancías y bienes, el arte de comprar y vender dejando un beneficio específico a las dos partes que participan en cada operación comercial. De modo figurativo se podría decir que el comercio es como la locomotora de un tren cuyos vagones son la agricultura, la industria y el progreso técnico.

Carlos Marx y Federico Engels expresaron en el primer párrafo del Manifiesto Comunista que: “Toda la historia de la sociedad humana, hasta ahora, es la historia de la lucha de clases”. Pero lo que debieron haber dicho es que toda la historia de la sociedad humana es la historia del comercio, como ellos mismos lo explicaron y demostraron en la mencionada proclama. Ciertamente, tan indispensable es el comercio para la existencia humana y la vida social, que todos los intentos de los comunistas de diversas especies por abolirlo y restablecer el trueque de las sociedades primitivas, han fracasado y siguen fracasando estruendosamente.

El comercio y por lo tanto el mercado y el capitalismo son indestructibles. Al comercio, el mercado y el capitalismo se les puede y se les debe reformar, mejorar y perfeccionar de manera constante y permanente, pero no se les puede destruir. Por eso, cuando los comunistas del siglo XX o del siglo XXI le han pegado fuego al comercio, al mercado y al capitalismo, éstos porfiadamente vuelven a resurgir de sus cenizas igual que renace el ave Fénix, así como renació el comercio nicaragüense de los escombros y las cenizas en que lo dejó el incendio socialista de la primera revolución sandinista, lo mismo que renacerá ahora el Mercado Oriental de Managua.

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