Autorizar o no la entrada de semillas transgénicas que pueden poner en peligro los enormes y originales recursos agrícolas de Perú ha desatado un agrio debate, incluso en el seno del mismo Gobierno.
La creación de un reglamento sobre el uso de biotecnología que regule la entrada de cultivos modificados genéticamente al país enfrenta a sus partidarios —encabezados por el Ministerio de Agricultura—, que arguyen que ayudará a aumentar la productividad agraria, y a los que creen que dañarán el acervo natural peruano, liderados por el Ministerio de Ambiente.
En medio, asociaciones de exportadores, consumidores, ecologistas, periodistas, comerciantes de semillas y hasta cocineros participan en un debate que desde su inicio, a principios del mes de julio, ha ido subiendo de tono.
A mediados de semana, el principal asesor del Ministerio de Agricultura en el tema, Alexander Grobman, calificó de “estúpida” la posición de la Asociación de Exportadores (ADEX) de apostar por la agricultura orgánica en lugar de la transgénica y consideró “ignorante” a su junta directiva.
Para sus detractores, las mayores preocupaciones se deben a la posible contaminación genética que el uso de transgénicos pueda causar en los cultivos nativos propios en un país considerado como banco genético y centro de origen mundial de numerosos productos, como la papa o el maíz.
Según explicó la bióloga coordinadora de la plataforma Perú Libre de Transgénicos, Imelda Montoro, las semillas modificadas presentan además otros problemas, como la dependencia que se genera de esos cultivos y la ruptura que puede causar a las tradiciones y cultura de los campesinos peruanos.
Los daños que puedan ocasionar a la salud, las dificultades que presenta la realización de controles para aislar los cultivos transgénicos y la falta de etiquetado que defienda el derecho de los consumidores son otros problemas denunciados por los ecologistas.
PROPONEN DEFINIR MODELO
“Nosotros pedimos que se dé un debate nacional consensuado, para definir qué modelo de producción agrícola queremos. Por el momento, ante las dudas que hay, queremos una moratoria para la entrada de semillas modificadas”, afirmó Montoro.
Sin embargo, para el jefe del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), Juan Risi, organismo encargado de crear el controvertido reglamento, las críticas a los transgénicos surgen por “desconocimiento” y denunció que quienes los combaten emplean “argumentos falaces” ante la opinión pública.
En una entrevista, Risi explicó que el reglamento en cuestión no busca sólo que entren transgénicos, “sino emplear la tecnología moderna” para desarrollar productos propios y aprovechar así la biodiversidad del país.
El funcionario señaló además que estos nuevos cultivos ayudarán a los pequeños agricultores a aumentar su productividad y evitar las plagas, y negó que vayan a dañar a los cultivos autóctonos.
“Los principales productos en nuestra agricultura no son de aquí, como el café, el espárrago, el mango, la paprika (pimentón dulce), la alcachofa, los cítricos, por lo que el desarrollo de transgénicos en estos cultivos ¿cómo podrían dañar la biodiversidad?”, se preguntó.
Risi consideró que los retrasos en la aplicación de los transgénicos son una pérdida “preciosa de tiempo”, y señaló que si no se emplean en Perú “el impacto lo va a pagar el pequeño agricultor”.