Este salvadoreño, que en los años ochenta fue el líder de una de las facciones más fuertes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), no sólo tuvo en jaque al ejército de su país, sino que tomó la decisión de desmovilizarse y hacer la paz. Luego viajó a la Universidad de Oxford, en Inglaterra, donde se dedica a la investigación desde hace más de diez años. Este es un extracto de sus opiniones sobre la situación actual de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Después de la muerte de varios de sus líderes y el golpe que logró el rescate de 15 secuestrados, incluida Ingrid Betancourt, ¿qué tan debilitadas pueden estar las FARC?
No importa cuántos combatientes y armas tengan todavía, las guerras se ganan en el terreno moral cuando se quiebra la voluntad de combate del contrario. Sobran ejemplos de ejércitos que se han derrumbado cuando aún tenían mucha fuerza: Estados Unidos en Vietnam, la Guardia de Somoza en Nicaragua, y otros. Las FARC están moralmente en bancarrota, ya no combaten ofensivamente, sus hombres se rinden en masa, y sus jefes se están muriendo. Sus líderes han perdido terreno y son políticamente odiados.
El Secretario de la OEA, José Miguel Insulza, dijo que llegó el fin de la guerrilla. ¿Está de acuerdo?
El conflicto está técnicamente en fase de posguerra. Hay muchos más desmovilizados que alzados en armas. La acción militar es cada vez más quirúrgica. Lo que pasa es que, en un conflicto como el colombiano, no habrá un final formal, sino un final diluido.
El diario español El País no descarta que las FARC puedan recurrir a un atentado, y el ex presidente Andrés Pastrana teme secuestros selectivos. ¿Qué piensa de esto?
Seguro lo han pensado, lo han intentado y lo seguirán intentando. No lo han hecho porque no pueden, no porque no quieren. Para hacerlo necesitan organización urbana y en ese terreno se han debilitado mucho.
La revista The Economist dijo que si el presidente Álvaro Uribe quiere una victoria frente a las FARC, debe ofrecerles amnistía a sus líderes, si liberan a todos los secuestrados, dejan las armas y abandonan el narcotráfico.
En Colombia se ha ganado terreno militarmente, se mantiene el acoso y se está golpeando sistemáticamente a la cabeza. Pero la forma más efectiva de acelerar el deterioro moral de las FARC es con ofertas políticas generosas. Para reducir la pérdida de sangre de colombianos hay que aumentar la dosis de perdón.
¿Debe el Gobierno proponerle una negociación a las FARC o es mejor que espere a que la guerrilla dé el primer paso?
Las FARC ya no coordinan ni comandan. Una negociación como la que intentó el presidente Pastrana ya no será posible. Las posibilidades de una negociación formal se han vuelto muy difíciles porque las FARC ya no pueden controlar a su gente. De nada servirá reunirse con delegados de las FARC si no tienen capacidad de mando. Coordinar las decenas de frentes que dicen tener, es imposible bajo el acoso que están sufriendo, y darles tregua para coordinar será una ingenuidad. Lo más seguro es que se produzcan negociaciones fraccionadas con frentes o grupos. La iniciativa debe tomarla el Gobierno.
¿Servirá una mediación internacional con la guerrilla en las actuales circunstancias?
Siempre puede ser útil para desmovilizar, por ejemplo, el frente externo o los campamentos que están en países vecinos, lo mismo que para dar garantías a grupos grandes que se quieran reintegrar en el interior del país. Lo que no se puede pretender es un escenario como el de la zona de distensión. Esa oportunidad la desperdiciaron ellos.
¿Imaginó hace 10 años la situación actual de las FARC?
Hace diez años no, pero luego de que desaprovecharon la generosa oferta y reconocimiento que les hizo Pastrana, me quedó claro que terminarían derrotadas. Las FARC nunca tuvieron posibilidad de ganar la guerra: simplemente sobrevivían, el dinero de la droga los sacó de su letargo, retaron al Estado, y perdieron.