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Reflexiones sobre la democracia
Douglas Blanco Aragón
El autor es poeta y escritor
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“¿Será posible tener una democracia eficaz —escribió Julio Sergio Ramírez Arango—, cuando la sociedad está dividida en campos enemigos entre sí, por razones culturales, religiosas, lingüísticas, regionales, ideológicas, o una combinación de éstas?”.

Estas desigualdades no solamente han existido a través del tiempo, sino que también son necesarias para el desarrollo y progreso de la humanidad.

“Para que el proceso democrático funcione razonablemente bien no es necesario que exista perfecta igualdad entre los ciudadanos”, asegura Ramírez Arango.

Siempre han existido ricos y pobres. Esto es producto de la desigualdad social y a la falta de equidad en la distribución de la riqueza. Hay personas que entre más tienen más quieren tener, esto se llama avaricia. Otros se conforman (sin ser “conformistas”), con lo poco o medianamente que puedan conseguir para satisfacer sus necesidades más perentorias; a éstos podemos llamarlos “sensatos”. Principalmente si los bienes adquiridos fueron por la vía de la honradez: esto es, por el trabajo honesto obrero o profesional.

Cuando el Estado emplea métodos coercitivos para disminuir las desigualdades socioeconómicas en un país empobrecido como el nuestro, los resultados son contrarios a los propósitos programados: aumentan las desigualdades y se agiganta la brecha entre ricos y pobres.

Particularmente en Nicaragua, cada día nos alejamos de la posibilidad de construir un país donde todos los sectores sociales tengamos la oportunidad de participar en las estrategias económicas planeadas. Para esto tenemos que ser militantes, simpatizantes o amigos del efeselenismo ortodoxo danielista. Esta actitud es sencillamente antidemocrática. Ya que todos los ciudadanos independientes están excluidos de toda gestión gubernamental.

“Un gobierno que se haya originado democráticamente y tenga altos niveles de corrupción, es todo, menos democrático, pues no está llenando el objetivo de la democracia. La corrupción gubernamental traiciona el espíritu de la democracia. La desigualdad que lleva a la miseria es el principal cáncer de América Latina, campeona universal en términos de niveles de desigualdad”. Y agrega Arango: “Aunque la democracia es un sistema de Gobierno muy deficiente, es la mejor opción que el ser humano ha inventado hasta ahora (como lo afirmaba con cierto tono de ironía Winston Churchill)”.

¿En que nos basamos entonces para determinar el avance hacia una democracia eficaz? Veamos varios derechos y libertades fundamentales del individuo, dentro de un régimen democrático sintetizados por Robert Dahl:

Libertad para formar y unirse a organizaciones, libertad de expresión, derecho al voto, elegibilidad a cargos públicos, derecho a los líderes políticos a competir por apoyo y específicamente por votos, existencia de fuentes alternativas de información, elecciones libres y justas, instituciones que hagan que las políticas gubernamentales dependan de los votos y de otras expresiones de preferencia. Agreguemos a estos derechos y libertades : la independencia judicial, la transparencia en la administración pública y la rendición de cuentas de funcionarios públicos.

Pues bien, el primer freno que debemos poner para contener la corrupción (que es el principal obstáculo para construir una democracia eficaz), es implementar una amplia cultura anticorrupción, es decir: la convicción moral generalizada de lo incorrecto de la acción corrupta y la predisposición a no llevarse a cabo.

Las palabras conclusivas se las concedo al escritor Ramírez Arango, autor de una serie de formidables ensayos sobre la democracia en Mesoamérica: “La ética tiene como objetivo principal la protección del bienestar de todos los miembros de la comunidad. (Por su lado), la corrupción destruye totalmente el sentido y el propósito de la democracia”.

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