Las autoridades no tienen cifras de cuántas familias habitan dentro y a las orillas de los cauces capitalinos
Los últimos seis meses han sido fatales para la pequeña Génesis. Un mes con diarrea, varias semanas con calentura; los zancudos, las moscas, los ratones y hasta una que otra serpiente han puesto en peligro su vida.
“Es un milagro que esté viva”, exclama su mamá, Santos Torres Rivera, al referirse al deterioro en la salud que ha sufrido la niña de 18 meses, desde que llegó a vivir dentro del cauce 18 de Mayo, una de las zonas de mayor riesgo en la capital.
El hermanito de Génesis, William, ha presentado problemas de salud “menos graves”. Sin embargo, el cambio reciente de domicilio lo obligó a abandonar la escuela. Y aunque aún tiene las esperanzas de empezar las clases el próximo año, lo que más extraña por el momento es la casa donde antes “posaban”.
“Ahí no nos inundábamos”, recordó el niño de ocho años.
Para la mamá, el terror son las lluvias. No es para menos, porque a pesar de vivir en el lado “más alto” del cauce 18 de Mayo, en el Distrito Cinco de la capital, el agua llega con tanta fuerza que los aísla, los inunda y poco ha faltado para que los arrastre.
A pesar del riesgo, el monto de jubilación que el Seguro Social le entrega a su esposo no da para “mudarse” a un lugar seguro, explicó la señora, mientras preparaba el arroz en una improvisada cocina atizada por la leña de los árboles que estaban a la orilla del cauce.
Daniel Rodríguez, otro de los habitantes del cauce, también prefiere “el nuevo barrio”.
“Le compramos el agua para beber a los vecinos (familias que viven en el barrio 18 de Mayo), pero por lo menos no andamos posando en otras casas”, dijo Rodríguez, miembro de una familia compuesta por seis miembros, quienes habitan una casa hecha con hojas de lata.
A falta de una promesa de reubicación, las familias que viven en el cauce que pasa por el 18 de Mayo hasta pidieron a la comuna capitalina la construcción de un puente dentro del cauce que les permitiera no estar incomunicadas en los periodos lluviosos. Una petición que por obvias razones urbanísticas no fue atendida por las autoridades municipales.
El déficit habitacional —que a nivel nacional supera las 400 mil viviendas— y la falta de ingresos económicos motivada por el desempleo —cuyo índice en todo el país ya refiere a un veinte por ciento de la población económicamente activa— son algunas de las causas crónicas que promueven el establecimiento de precarias viviendas dentro de los cauces.
MILES DE FAMILIAS EN LA MISMA SITUACIÓN
Sólo en el Distrito Cinco de Managua, el ochenta por ciento de los 17 puntos críticos corresponde a barrios donde hay viviendas habitadas dentro de los cauces. En total, la comuna ya habla de cerca de quinientas familias que viven en los cauces que cruzan ese distrito.
En el barrio 18 de Mayo hay más de 120 familias que viven dentro y en las orillas del cauce que cruza ese lugar. La cantidad es mayor que hace un año, cuando menos de 90 familias vivían en el mismo sitio, según los datos de la comuna.
La zona más crítica del distrito es el sector 17, cerca del barrio Grenada. Ahí viven 164 familias dentro del cauce que cruza ese sector. Tampoco se puede dejar de mencionar al barrio 12 de Octubre, constituido sólo por las cuarenta familias que habitan en el cauce: “El único barrio hecho por viviendas dentro del cauce”, comentó la delegada municipal para el Distrito Cinco, María de Jesús Pérez.
En esa misma zona hay 25 familias dentro del cauce que cruza el barrio Naciones Unidas; unas veinte en el Blanca Segovia; 60 en el Walter Ferreti.
“Como Alcaldía no tenemos capacidad para darles terreno a todas las familias que viven dentro de los cauces, pero lo que se necesita es la intervención del Gobierno Central”, dijo la funcionaria municipal.
EN CONDICIONES INFRAHUMANAS
En el Distrito Cuatro de la capital, la situación de viviendas dentro de los cauces está levemente “controlada”.
Maritza Moncada, delegada de ese distrito, indicó que hay unas cincuenta familias habitando dentro de los cauces que pasan por el barrio URSS, El Paraisito y San José Oriental. Un número mayor vive a escasos metros de los cauces en esa misma zona.
“El problema no es la cantidad. Es la calidad de vida. Las familias viven en condiciones infrahumanas dentro o a orillas de los cauces”, indicó la delegada, quien además explicó que la migración a los cauces es una cadena larga de pobreza.
“Desafortunadamente, la gente más pobre sigue migrando a otros lugares iguales o más pobres que los anteriores; por ejemplo, los cauces en el Distrito Cuatro son habitados por antiguos moradores del barrio Domitila Lugo, ubicado cerca del Lago Xolotlán”, indicó Moncada.
El Distrito Tres tampoco se queda atrás. Sólo en el cauce de Pochocuape hay 37 familias dentro de donde pasa la corriente.
El Vicealcalde de Managua, Felipe Neri Leiva Orochena, asegura que sólo en el cauce que viene de San Isidro de la Cruz Verde a la zona del colegio Benjamín Zeledón hay tres mil familias que habitan dentro y alrededor de él.
No obstante, la comuna capitalina desconoce a detalle la cantidad de familias que habitan dentro de los cauces. Sin embargo, la migración interna hacia lugares riesgosos en Managua ha llegado a tal punto que el Alcalde sandinista de Managua, Dionisio Marenco, asegura que sólo falta poblar las calles.
“Las viviendas dentro de los cauces es un tema de pobreza severa. La gente entra y sale de los cauces, y ahí siguen. Es que la gente se mete en cualquier espacio abierto, como los derechos de vía. Sólo falta que se ubiquen en las calles”, dijo Marenco.
Aunque la percepción del Alcalde podría ser exagerada, el caso de la construcción de la pista en el sector del barrio Casimiro Sotelo ya empezó a darle la razón. Para ampliar la vía, la comuna debió desalojar a 150 familias que estaban en el derecho de vía. Casi de manera inmediata, los desalojados poblaron el cauce más cercano.
Ni las instalaciones de la comuna se salvan. En frente del Centro Cívico, donde funcionan los módulos de la comuna, se instaló un pequeño mercado que está enfrente y sobre el cauce que por ahí pasa.
Por muy difícil que parezca, hay algunos casos en los que las propiedades no están tan cerca de los cauces, pero las familias se arriesgan para tener más espacio y se toman el derecho de cauce, ignorando el mal olor y los riesgos de enfermedad.
“Es para estar más desahogados, por eso nos agarramos unas cuatro varas más (en dirección al cauce)”, justificó Juana Orozco, habitante de las orillas del cauce que pasa por el puente El Edén.
Los datos oficiales de la Alcaldía de Managua establecen que en la ciudad hay 169 kilómetros de cauces, de los cuales 48.5 están revestidos y el resto es de tierra, es decir de mayor peligrosidad para quienes viven dentro o cerca. Otros datos cuentan que en la capital ya hay unos 240 kilómetros de cauces y 60 de esos kilómetros están revestidos.
EN ALERTA PERMANENTE
El Vicealcalde de Managua afirmó recientemente que hay ochenta puntos críticos en Managua, y todos están en las zonas costeras y a las orillas de los cauces.
De acuerdo al estudio denominado Amenaza por inundaciones del área de Managua y sus alrededores, elaborado por varias instituciones ambientales, veintiocho barrios de Managua son afectados por inundaciones periódicas ocasionadas por lluvias intensas.
Estas inundaciones en su mayoría ocurren en las zonas cercanas a los cauces que atraviesan la ciudad en dirección Norte a Sur, debido a sus desbordamientos. En consecuencia, según la Defensa Civil, alrededor de unas tres mil 383 personas se encuentran en zonas de alto riesgo por inundaciones. Hay mucha recurrencia en estos casos.
“Pues sí, todos hablan de que aquí (dentro del cauce) es peligroso. Pero, ya nos dijeron que el agua es la única que nos puede sacar”, dijo Mauricio Smith, habitante del cauce Oriental, en el barrio Enrique Lorente.
Aunque el peligro es permanente, el riesgo más grave lo viven las familias ubicadas dentro del cauce 18 de Mayo, en frente de la cortina Las Cuarezmas. Ahí, las familias se asentaron sobre la zona donde fluye el agua de la corriente.
La situación se empeora con los basureros espontáneos creados a las orillas y dentro de los mismos cauces. Con la basura, las corrientes no sólo llevan sedimento, sino que también acarrean los desperdicios.
“Eso (la basura) daña el drenaje pluvial y por eso vemos tantos desbordes”, advirtió Manuel Espinoza, técnico del área de infraestructura de la comuna capitalina.
En Managua se han construido alrededor de 16 micropresas a las que llegan las aguas de las zonas altas, y cuyo objetivo principal es disminuir la fuerza de las corrientes. También existen 25 cauces, entre naturales y revestidos, de los cuales ocho van a dar al Lago de Managua.