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El escritor ruso Alexander Solzhenitsyn ganó el Premio Nobel de Literatura en 1970. (LA PRENSA/AFP)
Muere escritor que denunció horror soviético
MOSCÚ/ AP
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Fue capitán

Nacido el 11 de diciembre de 1918 en Kislovodsk, Solzhenitsyn fungió como capitán de artillería en el frente en la Segunda Guerra Mundial, donde, en las últimas semanas del conflicto, fue arrestado por haber escrito lo que él llamó “ciertas afirmaciones irrespetuosas” sobre Stalin en una carta a un amigo, refiriéndose a él como “el hombre del bigote”.

Estuvo siete años en un campo de trabajos forzados en las áridas estepas de Kazajstán y tres más en un exilio interno en el Asia Central.

El escritor Alexander Solzhenitsyn, autor de las crónicas de los horrores del gulag soviético y ganador del premio Nobel de Literatura, falleció ayer a los 89 años de un problema cardíaco, indicó su hijo.

Stepan Solzhenitsyn le confirmó a The Associated Press que su padre murió a consecuencia de una falla en el corazón, pero no quiso hacer más comentarios.

Las descripciones que hizo de las torturas y supervivencia en los campos de trabajos forzados de la antigua Unión Soviética sacudieron a sus compatriotas, tras dejar al descubierto la historia secreta del gobierno de José Stalin. Eso le granjeó 20 años de amargo exilio, pero el reconocimiento internacional.

Y sus crónicas, además, mostraron que el valor e integridad de una persona podía, a fin de cuentas, derrotar a la maquinaria totalitaria de un imperio.

A partir de 1962, con la novela corta Un día en la vida de Iván Denisovich, Solzhenitsyn se dedicó a describir lo que llamó el “triturador de carne” humana que lo había atrapado junto con millones de otros ciudadanos soviéticos: arrestos arbitrarios, con frecuencia por razones triviales y aparentemente absurdas, a los que seguían sentencias a cumplir en campos esclavistas donde el frío, el hambre y el trabajo en condiciones penosas los aplastaban.

Su trilogía Archipiélago Gulag, de la década de 1970, dejó impactados a los lectores por el salvajismo del Estado soviético bajo el gobierno del dictador Stalin, y ayudó a eliminar la inclinación que muchos intelectuales de izquierda aún tenían por la Unión Soviética, especialmente en Europa.

Occidente le ofreció refugio y honores. Pero su negativa a doblegarse a pesar de la enorme presión posiblemente también le dio el valor para criticar la cultura occidental por lo que él consideraba sus debilidades y decadencia. A su país regresó en el 94, tras veinte años de exilio.

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