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El presidente electo de Paraguay, Fernando Lugo, visitó recién una colonia de enfermos con lepra, en Sapucai, al suroeste de Asunción, para escuchar sus necesidades. (LA PRENSA/ AFP)
Reforma Agraria espera a Lugo
Presidente electo de Paraguay ante el reto de ayudar a campesinos y respetar la propiedad privada
Peter Orsi
CAPIIBARY, PARAGUAY/ AP
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Pide paciencia

“La Constitución de Paraguay garantiza la propiedad privada, pero también el derecho de todos los paraguayos de acceder a un pedazo de tierra”, afirmó el ex obispo Fernando Lugo, poco después de ser elegido, para suavizar un poco su retórica revolucionaria.

Lugo ha pedido paciencia. Dice que se propone comprar o expropiar tierras abandonadas o adquiridas en forma ilícita, y distribuirlas entre los campesinos, junto con tierras del Estado.

Sus simpatizantes planean un estudio para determinar qué tierras están siendo explotadas, por quién, y qué terrenos pueden ser expropiados y entregados a los campesinos. El proyecto tomará unos dos años y requerirá la colaboración de instituciones extranjeras para que lo financien.

A poco menos de dos semanas de asumir la Presidencia de Paraguay, el Presidente electo Fernando Lugo ya tiene su primer reto: una reforma agraria, un tema clave en esta nación de menos de siete millones de habitantes, en la que el 1 por ciento de la población controla el 77 por ciento de las tierras cultivables.

El Movimiento de Campesinos de Paraguay, MCP, ya se ha levantado y muchos de sus miembros se han apostado a la orilla de haciendas con tierras fértiles, en champas, a la espera de las tierras que esperan les dé Lugo, un ex obispo católico barbudo, que usa sandalias y es conocido como el “Obispo de los Pobres”.

Los campesinos han amenazado con que, si Lugo no los ayuda a conseguir tierras, las ocuparán como han hecho miles de peones a lo largo y ancho del país.

“El pueblo paraguayo se está despertando”, afirma Salomón Ruiz Díaz, de 29 años, uno de los líderes de la movilización.

Lugo ganó las elecciones de abril cuando los paraguayos siguieron la tendencia del resto del continente y dieron un giro a la izquierda, luego de seis décadas de gobierno del Partido Colorado, de tendencia conservadora. Su triunfo le da a Paraguay su primera oportunidad de encarar el viejo dilema de la tierra.

DISCURSO EQUILIBRADO

La forma en que Lugo enfrente el tema probablemente determinará si hace un gobierno revolucionario de izquierda, siguiendo la huella de Hugo Chávez en Venezuela, o uno moderado y pragmático, como el de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil.

En Paraguay, el segundo país más pobre de Sudamérica detrás de Bolivia, la propiedad de la tierra es fundamental para la supervivencia. El país tiene muy pocas industrias y el 42 por ciento de sus habitantes viven en la pobreza.

Lugo, quien asumirá el 15 de agosto, ha logrado mantener un delicado equilibrio. Convenció a la mayoría de los campesinos de que suspendan las invasiones de tierras, prometiendo que el problema del agro será su mayor prioridad. También aseguró a los latifundistas que respetará sus derechos.

Un estudio del Gobierno determinó en 2004 que al menos 9.8 millones de manzanas estaban en manos de 1 mil 877 personas.

Se calcula que entre 150 mil y 200 mil campesinos de todo el país están afiliados a agrupaciones rurales y que unos 50,000 acampan ilegalmente en haciendas y granjas de soya.

La promesa de una reforma agraria ayudó a Lugo a alcanzar la Presidencia. Ahora habrá que ver si el mandatario cumple con su palabra. Tras su victoria del 20 de abril hubo decenas de invasiones de tierras, sectores radicales del campesinado quemaron tractores y en algunos casos tomaron rehenes antes de suspender sus protestas.

Lugo no ha dado muchos detalles acerca de cómo piensa realizar la reforma agraria. Simplemente prometió préstamos, asistencia técnica y programas para mejorar la educación y la salud, ninguna de las cuales es una iniciativa novedosa.

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