El pontífice dijo que seguirá el acontecimiento, que empieza el viernes, con un sentimiento de profunda amistad y expresó su deseo de que el deporte sirva como "promesa de hermandad y paz entre los pueblos".
Benedicto XVI habló el domingo en el pueblo de Bressanone, en los Alpes italianos, donde está de vacaciones.
"Sigo con profunda amistad este gran acontecimiento deportivo _ el más importante y esperado a nivel mundial _ y espero que ofrezca a la comunidad internacional un ejemplo válido de coexistencia entre gente distinta y de respeto de dignidad común", declaró el Papa a la multitud que se reunió para oírle rezar el Angelus en Bressanone.
Benedicto XVI felicitó a China, a los organizadores de los juegos y a los atletas. Expresó la esperanza de que "cada uno ofrezca lo mejor de si mismo en honor del espíritu olímpico".
El pontífice considera una prioridad mejorar las relaciones de El Vaticano con China. El Partido Comunista chino, en el poder, es ateo y forzó a los chinos católicos a romper sus lazos con El Vaticano en 1951. Desde entonces ambas partes no han restablecido relaciones formales.
Beijing considera una interferencia el hecho de que el Papa nombre a sus propios obispos, ya que China nombra los suyos para su iglesia católica. A pesar de ello, muchos de los 12 millones de católicos chinos se reúnen en congregaciones independientes de la iglesia aprobada por el estado y son acosados con frecuencia.
Benedicto XVI envió una carta especial a los católicos chinos el año pasado, elogiando las congregaciones clandestinas, pero pidiendo a los feligreses que se reconcilien con los seguidores de la iglesia oficial.