Domingo analizó los discursos que el Presidente pronunció durante el mes de julio para determinar qué calificativos usa y hacia quiénes van dirigidos
Hay un viejo cuento infantil de Charles Perrault que relata la historia de dos hermanas, una generosa y otra egoísta. Por sus acciones un hada premió a la primera con flores y joyas, cada vez que hablara, y condenó a la otra con sapos y culebras, cada vez que hiciera lo mismo. Desde entonces se usa comúnmente el término “sapos y culebras” para referirse a los insultos que alguien profiere.
“Domingo” analizó los discursos del presidente Daniel Ortega durante el mes de julio para determinar cuántos “sapos y culebras” y cuántas “flores y joyas” salen de la boca de Ortega y hacia quiénes van dirigidas.
Vámonos primero año y medio atrás. En ese entonces Daniel Ortega celebraba la victoria electoral de noviembre del 2006, que lo regresaba a la Presidencia luego de tres derrotas electorales consecutivas y pidió “una oportunidad para gobernar en paz”. El mandatario: “Estamos en paz, unidad y reconciliación (...) que no salgan de nuestros labios ni una ofensa ni una burla en contra de los que no votaron por nosotros”. Prometía un gobierno de “flores y joyas” según el cuento de Perrault.
Pero ese discurso conciliador se acabó. El 5 de julio pasado Ortega lo dijo claro a los simpatizantes sandinistas concentrados cerca del Mercado Roberto Huembes, de Managua, antes de encabezar la caminata conmemorativa del vigésimo noveno aniversario del “Repliegue Táctico” a Masaya: “Somos amantes de la paz, pero también estamos dispuestos a levantar el acero de la guerra si intentan derribar el poder del pueblo, el poder ciudadano”.
“Donde nos busquen nuestros enemigos -advirtió Ortega-: ¡ahí nos van a encontrar! Donde nos busquen los vendepatria... ¡ahí nos van a encontrar! Donde nos busquen los traidores... ¡ahí nos van a encontrar! Donde nos busquen los financiados por la embajada yanqui... ¡Ahí nos van a encontrar! (....)
El mandatario pronunció ese discurso quince días antes de una tercera marcha convocada por la sociedad civil y la oposición para exigir el respeto a la democracia, protestar contra lo que consideran las políticas dictatoriales de Ortega, por la carestía de la vida, el hambre y la pobreza. El 20 y 27 de junio se habían realizado dos protestas similares y la ex guerrillera sandinista, Dora María Téllez, también disidente del Frente Sandinista que lidera Ortega, protestó antes con una huelga de hambre que duró catorce días.
¿Temió Ortega a las marchas? Ese mismo día el mandatario lo negó: “En esas marchas no aparece el pueblo, en esas marchas aparecen juntos los mismos que asesinaron a Sandino, con los que han asesinado a Sandino al traicionarlo”, porque según él “solamente el Frente Sandinista, heredero de la bandera rojinegra de (Augusto C.) Sandino, ha sabido defender y seguirá defendiendo la Bandera Azul y Blanco de la Patria”.
“¡Tenemos que ser respetuosos! (...) No tenemos porque ir a hacer mofa ni a insultar ni a denigrar a una familia de otra fuerza política, ¡por mucho que ellos nos hayan insultado y nos hayan agredido... no les respondamos con el insulto!”, afirmó antes Ortega, cuando celebraba su victoria.
Pero ahora, el mandatario recuerda a Sandino para atribuirle descalificativos a quienes protestan contra su gobierno. “Así les diría Sandino: bola de cobardes, bola de traidores, canallas, vendepatria, peleles del imperio”, dice y repite.
Durante el mes de julio, Ortega protagonizó catorce discursos, en Managua, en varios departamentos del país y en Maracaibo, Venezuela. Domingo contó los calificativos más comunes de Ortega en doce de esos discursos, excluyendo su comparecencia en la Cumbre de Petrocaribe en Venezuela y el pronunciado la noche del jueves con motivo del aniversario de la Fuerza Aérea del Ejército de Nicaragua.
Según esa muestra, en doce discursos Ortega llama al menos 27 veces “enemigos” a sus críticos, asegurando que son “el enemigo común” que quiere “arrebatar las conquistas al pueblo”, que para él son el triunfo de la revolución de 1979 y la victoria presidencial en el 2006.
En sus discursos, a esos “enemigos” Ortega también los califica de “manipuladores”, “mentirosos” o cizañeros” en unas 15 ocasiones y otras 31 veces los llama explícitamente “traidores”.
Según el conteo, al menos 35 veces más se refiere a la oposición (liberales, conservadores, disidentes del FSLN, sociedad civil) como “vendepatrias”, y otras 23 veces les dice “sinvergüenzas”, “corruptos” o “criminales”.
Y la violencia estalló este mes. Primero ocurrió el 14 de julio en Jalapa, Nueva Segovia, cuando clientes morosos de las microfinancieras se tomaron las instalaciones de dos sucursales de esas empresas en el municipio y al día siguiente intentaron quemar las instalaciones de una de ellas.
Ese primer choque ocurrió después de que Ortega promovió durante un acto público en Jalapa el programa gubernamental Usura Cero y exhortó a los morosos a protestar frente a las microfinancieras para que éstas aceptaran renegociar las deudas con ellos. Pero las microfinancieras respondieron que ya existía un acuerdo de revisión de deudas “caso por caso” y la violencia las motivó a cerrar sucursales y retirar 300 millones de córdobas, que estarían disponibles para la cosecha de postrera en esa zona.
A la lista se sumó otra agresión el 30 de julio en contra de otro periodista de ese canal, Antenor Peña, quien resultó herido de bala en la pierna derecha durante la cobertura a un enfrentamiento, entre simpatizantes sandinistas y un grupo de jóvenes que pretendía protestar por el millonario gasto publicitario del Gobierno en la rotonda Rubén Darío, donde el viernes se mantenían los simpatizantes sandinistas para defender “al costo que sea y donde nos reten” por la “defensa de la revolución”, según dijo uno de los dirigentes.
A raíz de las diferencias con las microfinancieras, Ortega también calificó como “usureros” a estas empresas en unas 34 ocasiones directas y al menos unas 53 veces se refirió como “oligarcas” a la oposición en sus diferentes expresiones.
Las veces que Ortega se refiere al “imperio” o el “imperialismo” son incontables, igual que aquellas en las que enfatiza las palabras “pueblo”, “patria”, “pobre” o “lucha” a favor de su gestión presidencial.
Ortega no se ha referido a estos hechos de violencia. Sin embargo, el canal oficialista acusaba desde el jueves al candidato a la Alcaldía de Managua de la Alianza Partido Liberal Constitucionalista (Alianza PLC), Eduardo Montealegre, y a los medios de comunicación independientes y recordaban que el lunes el candidato liberal afirmó que “el que a hierro mata a hierro muere”, luego de denunciar las agresiones sufridas por simpatizantes de su partido durante el proceso de verificación del fin de semana anterior, por la cual luego presentaron una denuncia en la Policía Nacional.
Pero Ortega niega que sea violento. “¡Los oligarcas y vendepatria le tienen odio a los pobres! Fíjense bien -dijo a principios de julio en Jinotepe, Carazo-- ellos se quejan y dicen que mi mensaje es un mensaje violento. ¿Qué tiene de violento decir que estamos comprometidos con los pobres? A ellos no les gusta eso. ¿Qué tiene de violento decir que somos antiimperialistas, que no nos gusta que nos pongan el yugo? ¿Qué tiene de malo decir eso? ¡Es un acto de soberanía!”.
Y antes del saldo violento del mes, Ortega ya se había lavado las manos con la oposición. “Violentos son ellos --acusó--, que durante 16 años tuvieron sin servicio de salud a este pueblo... ¡son violentos y criminales, terroristas!”.
Luego, advirtió que “cuando el pueblo está oprimido, llega el momento en que el pueblo explota, y explota utilizando las más diversas formas de lucha” y llamó a sus simpatizantes a fortalecer su unidad.
“Hoy más que nunca tenemos que fortalecer la unidad del pueblo, de los pobres, de los campesinos, de los trabajadores, de la juventud, de las mujeres (...) tenemos que fortalecer esa unidad alrededor de la bandera roja y negra del Frente Sandinista de Liberación Nacional”, agregó.
Sin embargo, Ortega también sostuvo que el acero de la guerra del que él habla son “la conciencia” y “los votos”. “Los votos ahora son los fusiles”, dice. Y él apunta a las elecciones municipales de noviembre. “Yo estoy más convencido que nunca que el pueblo no se va a dejar arrebatar el poder, no se va a dejar arrebatar la victoria del 19 de julio de 1979, ni la victoria del mes de noviembre del 2006, esa gran victoria. El pueblo no se la puede dejar arrebatar porque ahí está la suerte de lo que ya se está haciendo y se continuará haciendo”.