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Managua
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03.08.08
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Noticias >> Entrevista
(LA PRENSA/O.VALENZUELA)
“La respuesta inicial contra el sida fue negligente”
— Michel Kazatchkine —director del Fondo Global contra el Sida
La enfermedad se extendió rápido y de forma alarmante. La respuesta de la comunidad científica y de los gobiernos fue lenta. Ahora hay más de 33 millones de personas que padecen sida y en 2007 hubo dos millones de muertos. Kazatchkine reconoce en esta entrevista la negligencia con que fue tratada la enfermedad en un principio, pero también destaca los adelantos que la ciencia y la medicina han logrado en el tratamiento del sida
Por Carlos Salinas Maldonado
domingo@laprensa.com.ni
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En 1988 surgió en París una clínica pionera. Se trataba de un establecimiento que sólo atendía a sus pacientes de noche, de forma confidencial. La enfermedad que trataba era rara y sorprendía a científicos y especialistas. A pesar de que los casos aumentaban de forma alarmante, existía poco conocimiento sobre ese mal. El doctor Michel Kazatchkine (París, 1946), un especialista en inmunología del Instituto Pasteur, se interesó por la enfermedad y así, de noche, atendía en su clínica los primeros enfermos franceses de sida, un virus que más de dos décadas después de su descubrimiento ha matado a más de 25 millones de personas.

Kazatchkine es un pionero en la investigación del sida. Se interesó por la enfermedad desde que ésta fue descubierta, en la primera mitad de la década de 1980. Ha publicado más de 600 trabajos e investigaciones sobre sida y de 1998 a 2005 dirigió la Agencia Nacional Francesa para la Investigación del Sida (ANRS). En febrero de 2007 Kazatchkine fue elegido director del Fondo Global contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria; la institución mundial más importante en el tema de lucha y prevención de la enfermedad.

Con esa investidura llegó la semana pasada a Managua, invitado por las organizaciones de la sociedad civil que en el país luchan contra la enfermedad. Habló con “Domingo” el miércoles pasado, una conversación en la que reconoció la “negligencia” con que gobiernos y comunidad científica trataron el sida en un inicio.

“En aquel entonces y por varios años pensamos en el virus del sida como una enfermedad similar a la hepatitis. Pensamos que algunas personas contagiadas podrían estar años y años de su vida sin síntomas. Tardamos hasta finales de los años ochenta para darnos cuenta que la inmunodeficiencia del sida es progresiva y que casi todo el mundo llegaría a una inmunodeficiencia severa, y se morirían sin tratamiento”, dice el especialista.

¿Cómo fue su primera experiencia con el sida?

Se trataba de un hombre y su esposa, una pareja francesa, que estuvieron expatriados en África central. El hombre comerciaba con madera y ambos estaban muy enfermos. Regresaron a Francia dos años antes del descubrimiento del virus. En aquel entonces yo trabajaba en el sector de inmunodeficiencias y me presentaron esta pareja. Ambos murieron pocas semanas después. Claramente era sida, pero no sabíamos de su existencia. Era 1982. Con otros médicos, quienes como yo tratamos los primeros casos en París, pensábamos que se trataba de la misma enfermedad, pero no tenía un nombre. Teníamos muestras de sangre de estos pacientes y cuando en 1985 se pudieron hacer las primeras pruebas, pudimos confirmar que se trataba del sida.

¿Hubo, con estos primeros casos, una alerta internacional sobre el descubrimiento del virus?

No. En 1985 se identificó el sida en África, pero nadie atrajo la atención del mundo sobre la epidemia que se estaba produciendo. Para mí la atención del mundo llegó en la segunda mitad de los años noventa, quince años después. La respuesta fue muy negligente. Fue necesaria la Conferencia Mundial de Sida de 1996, donde se conocieron los resultados del tratamiento de triterapia, para que la gente se diera cuenta que este tipo de tratamiento era accesible sólo para una pequeña parte de la población. Sólo cuando llegamos al 2002-2003, cuando se creó el Fondo Mundial, fue que el mundo finalmente reconoció esta iniquidad entre el Norte y el Sur del planeta. Básicamente vimos veinte años de negligencia.

¿Una vez que se descubrió el virus ustedes temieron que se generara la cantidad de contagios y muertes que se han producido?

No, porque en aquel entonces, y por varios años, pensamos en el virus del sida como una enfermedad similar a la hepatitis, pensamos que algunas personas contagiadas podrían estar años y años de su vida sin síntomas. Tardamos hasta finales de los años ochenta para darnos cuenta que la inmunodeficiencia del sida es progresiva y que casi todo el mundo llegaría a una inmunodeficiencia severa y se moriría sin tratamiento.

¿Esa reacción tímida de un inicio permitió que la enfermedad se expandiera de una forma tan rápida?

Claro que sí. La epidemia se expandió de forma explosiva en África, particularmente en Sudáfrica y en la parte oriental del continente, por razones que todavía no se entienden totalmente. Descubrimos un grupo enorme de gente que estaba infectada. En abril pasado estuve en Suazilandia, un pequeño país ubicado al lado de Sudáfrica, donde una de cada tres personas es seropositiva. Hemos olvidado África y otras partes del mundo por negligencia, hemos llegado a un punto en el que hay pequeñas Áfricas en otras regiones del mundo, pequeños grupos de personas que están olvidados, marginalizados, que no tienen derecho a servicios de salud por la negligencia. Por falta de información hay gente que usa drogas intravenosas en Europa oriental o en China, hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres sin protección. Existen en todo el mundo, pero hay países donde los presidentes dicen “hay que eliminarlos a todos”. La marginalización y la negligencia social son factores que estimulan que la epidemia aumente de forma descontrolada.

¿Cómo se puede explicar el estigma creado alrededor de la enfermedad?

El sida se trata de sexo, sangre, y genera entre la sociedad una falta de comprensión y miedo, que crea distancia entre la gente y provoca discriminación. Éste es un mal que se transmite de una forma diferente a otras enfermedades contagiosas como la tuberculosis, que se pude transmitir por una conversación. Cuando a la gente enferma se les presentó como víctimas, eso alimentó la discriminación.

¿Qué papel juegan en esto otros elementos como la religión, la cultura y la falta de educación en países en desarrollo?

La educación es un factor clave para la salud. Algunos dicen que un dólar invertido en educación tiene mayor valor en la salud, que un dólar invertido en ese rubro. Cuando se habla de prevención del sida, se tiene que hablar sobre cómo se transmite el virus y cómo cada persona se puede proteger; se trata de saber cómo tenemos que relacionarnos con los demás; tiene que ver con que una sociedad construya una relación basada en la tolerancia con una enfermedad contagiosa. Para eso se necesita educación.

En cuanto a la religión, tengo que decir que en muchos países donde he viajado he visto organizaciones religiosas haciendo grandes cosas. En muchos países de África casi la mitad de la ayuda es proporcionada por clínicas y hospitales religiosos. Pero al mismo tiempo no puedo entender lo que considero una actitud totalmente irresponsable por parte de la Iglesia, de no promover el condón, que es más eficaz que la vacuna, más eficaz que existe en el mundo, en momentos en que tenemos una epidemia que va creciendo y donde se puede echar a perder la vida de la gente que no puede protegerse por causa de la iniquidad social.

¿Cómo está la situación del sida en el mundo? ¿Se mantienen estables las cifras de contagio o se registran aumentos?

La epidemia sigue creciendo, lo cual no debe sorprender. Pero las tasas de crecimiento, sobre todo en África, son menos rápidas que hace cinco años. Hay países donde tenemos datos muy claros que demuestran que hay una incidencia a la baja. La tendencia global es que en los países más calientes de África la epidemia crece de forma generalizada. En muchas otras regiones del mundo, aunque la enfermedad se está feminizando, transfiriendo a las mujeres, es todavía una epidemia concentrada, es decir que se genera entre gente que al inicio era vulnerable, porque eran drogadictos, hombres que tenían relaciones con otros hombres sin protección, trabajadores sexuales.

¿Cómo se explica ese aumento de la epidemia en las mujeres?

Por varias razones. La principal es que la enfermedad se pasa de los hombres a las mujeres porque en muchos lugares las mujeres son incapaces de protegerse, porque hay relaciones que son violentas e inequitativas. Cuando decimos “feminización de la epidemia” queremos decir que entre la gente infectada hay más mujeres, contagiadas hace algunos años y que sólo ahora hemos descubierto que lo están. Inicialmente la epidemia era masculina, luego se ha extendido. Hay evidencias científicas que muestran que por motivos biológicos las mujeres pueden ser más vulnerables que los hombres a la infección durante las relaciones sexuales.

¿En qué otros grupos o ámbitos crecen los contagios da la enfermedad?

La etapa más rápida de la evolución de la enfermedad ha sido identificada en gente que fue infectada por transfusión de sangre, porque recibieron el virus de forma masiva. La epidemia se extiende dependiendo del sexo sin protección, el número de parejas sexuales. Eso influye en las estadísticas. No existe una comunidad específica en la que la enfermedad se puede extender más rápido que en otra.

¿Cómo cataloga el trabajo que el Gobierno y el Ministerio de Salud hacen sobre el combate a la enfermedad?

Estamos trabajando muy de cerca con el Ministerio de Salud. Hay una cobertura de más del 60 por ciento de la gente que es seropositiva y que saben que necesitan ese tratamiento. Ese es un éxito muy significativo. Sin embargo, hay mucha gente en Nicaragua que no sabe que está infectada. He visto en el Hospital Manolo Morales una Sala donde todos los pacientes habían llegado cuando ya estaba muy avanzada su enfermedad; no se les ocurrió que podían tener sida hasta que no se sintieron muy enfermos. Creo que hay mucho trabajo pendiente: en recoger datos, estimular a la gente que se hagan las pruebas. Eso quiere decir dar información y quitar el estigma.

Me impresiona mucho el apoderamiento de la sociedad civil, el hecho de que es ella la que ha tomado el asunto por sus propias manos. Tengo una reacción muy positiva sobre estos avances, pero todavía me doy cuenta de los desafíos. He hablado con gente que dice que en este país es muy difícil para una persona enferma encontrar un trabajo, las dificultades que tienen de comprar estos medicamentos que son muy caros, la dificultad para la gente más pobre de tener acceso a los servicios, la dificultad para la gente que vive en los departamentos de venir a Managua a recibir el tratamiento. Y también me doy cuenta de lo difícil que es que el Gobierno trabaje de cerca con la sociedad civil.

¿Existe algún tipo de presión de parte de ustedes para lograr que el Gobierno se interese más por el tema?

Nosotros no ejercemos presión a nadie. Estamos sirviendo a los países. Somos muy responsables. Lo que hago en mi trabajo es recibir los fondos de la comunidad internacional con la misión de responder a las demandas que llegan a mi despacho. Cuando vengo aquí enfatizo en el mensaje de que nadie puede luchar contra una epidemia solo, ni el Gobierno ni la sociedad civil. Hay que hacerlo conjuntamente.

¿Cómo avanzan las investigaciones para encontrar una posible cura contra la enfermedad? ¿Hay esperanzas de lograr esto?

Tenemos medicamentos. Si tienes 20 años y estás infectado y empiezas un medicamento antirretroviral, a los 60 años vas a seguir con vida. El problema es que tienes que tomar una píldora cada día, igual que pasa con la gente que tiene hipertensión, diabetes. El problema radica en que cada persona que no sabe que está infectada debería saberlo. Todo el mundo que sabe que está infectado necesita acceso al tratamiento, debería tenerlo. Y cada uno que recibe el tratamiento, debería tener la atención necesaria para poder vivir bien, de forma adecuada y normal por muchos años. No digamos que no hay forma de curar la enfermedad, sí tenemos los tratamientos.

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