Nuestro planeta es maravilloso desde el espacio, no se ven fronteras sobre la Tierra, no se puede observar la pertenencia que han creado los hombres a éste o aquel país. El planeta Tierra no es de nadie, por el contrario es de todos y forma parte del todo, de la vida, de la muerte, de la naturaleza, del aire, de la luz, del sonido y del silencio. Quizás sea el único lugar de este sistema solar que hay vida como la que conocemos; colmada de lindos pajaritos multicolores, de verdes, de flores, de montes, de lagos, ríos, lagunas, cascadas, en fin la diversificación de la vida en miles de expresiones desde una avispa bracónida hasta el hombre.
El pasado 22 de abril se celebró el Día de la Tierra, festividad que se realizó por primera vez en 1970, pero que fue reconocida internacionalmente hasta 1990. Es un día creado para recordar que la Tierra es nuestro hogar, el lugar donde vivimos, donde nacemos y donde morimos, en el que quedan nuestros hijos, donde nacerán nuestros nietos y donde florecerá nuestra decencia infinitamente. Por lo tanto es nuestro deber cuidar, proteger y perpetuar a todos los seres vivos que hay dentro del globo azul.
Gran dolor y tristeza causa ver el deterioro y camino a la destrucción de nuestro planeta si no emprendemos desde hoy acciones para contrarrestar los daños y dejar de causar los mismos, cambios de actitudes y sobre todo fomentar una cultura de protección al medio ambiente. Parecen lejanos aquellos días cuando reinaba la belleza que rodeaban nuestras tierras. Inmensos, majestuosos árboles enormes, con hojas verdes frondosas. El aire fresco y puro acompañante inseparable de nuestros antepasados, pulmones limpios, bocas limpias, vidas limpias. Aves pobladoras de los cielos, cantantes de la Tierra. Flores de un mil colores que adornaban la Tierra, la más india de las indias. Y aquel cielo azul, verdaderamente azul. Años de oro, cuando el hombre amaba la más grande herencia dada a él. Nuestra Tierra, nuestro planeta azul, el azul que es para nuestros hijos, para nuestros nietos, para nuestras vidas. Y que hoy con el devenir del tiempo y la codicia de los hombres, que no fueron ni son hombres, sino espectros rellenos por dentro de ambición e inconsciencia. Sangraron, ahumaron, contaminaron, destruyeron, hirieron nuestro planeta y lo continúan haciendo, nosotros mismos contribuimos al no actuar, al no sembrar un árbol, al no reciclar, al no dejar de consumir productos que contaminan nuestro planeta, al no cuidar el agua, la que cada día escasea más, según datos de la FAO el 40 por ciento de la población mundial del planeta se ve afectada por este problema. Mil doscientos millones de personas en el mundo sufren de falta de abastecimiento de agua, en gran medida estos problemas hídricos son producto de tantos años de mal uso y mala distribución del vital líquido.
Cada día se hieren a filo los árboles, se apaga la música aviar, se contamina más la atmósfera, hemos convertido el azul en gris. Que este día no sea el único del año que se piensa en la Tierra, ni que se use simplemente para hacer exposiciones de plantas o ecosistemas, sino que llame a la reflexión al hombre, principal huésped y destructor de la misma.