Josef Fritzl, de 73 años, llamado hoy el “Monstruo de Austria”, podría ser condenado a cadena perpetua si es declarado culpable de “homicidio por denegación de auxilio” por la muerte de uno de los bebés nacidos en cautiverio como fruto del incesto con su hija Elisabeth, con la cual procreó siete hijos.
El portavoz de la Fiscalía del estado federado de Baja Austria, Gerhard Sedlacek, explicó ayer a Efe, que sólo en caso de ser declarado culpable de ese delito, el técnico electricista jubilado de 73 años puede ser condenado a pasar el resto de su vida en la cárcel.
En 1997, Elisabeth Fritzl, de hoy 42 años, dio a luz a mellizos, de los cuales uno murió tres días después de nacer, y el cadáver del bebé fue incinerado por el violador en la caldera de calefacción de su casa.
Por las repetidas violaciones de la hija, la ley austríaca prevé una pena máxima de 15 años de cárcel para Fritzl, quien violó a su hija durante 24 años en un calabozo debajo del jardín de su casa en la localidad austríaca de Amstetten, a unos 100 km al oeste de Viena.
Tras cumplir la pena de cárcel, las autoridades tienen la posibilidad de declarar a Fritzl “insano, anormal y peligroso”, con lo que sería internado en un centro psiquiátrico de por vida, agregó el funcionario.
Los resultados de los análisis de ADN, conocidos ayer, confirmaron la confesión hecha por Fritzl de que es el padre de las siete criaturas nacidas en cautiverio en el escondite.
“Los seis hijos de Elisabeth Fritzl nacidos en cautiverio (un séptimo murió nada más al nacer) tienen como padre a su propio padre, Josef Fritzl”, dijo en una multitudinaria rueda de prensa Franz Polzer, responsable de la investigación policial.
JOVEN EN COMA
Por su parte, Albert Reiter, jefe del hospital de Amstetten, informó que la mayor de los hijos nacidos en cautiverio, Kerstin, de 19 años, se encuentra todavía en estado grave en su clínica.
“Sigue en un coma inducido y no tenemos pronóstico. Pero hemos registrado una leve mejoría”, manifestó el médico.
Kerstin Fritzl, quien vivió toda su vida en cautiverio, fue internada el pasado 19 de abril por una grave y desconocida enfermedad, lo que fue el punto de salida para poder esclarecer este escalofriante caso, que ha causado conmoción mundial.
REUNIÓN MADRE-HIJA
Miembros de la familia austríaca cuyo progenitor mantuvo a su hija prisionera durante 24 años, y procreó siete hijos con ella, tuvieron una “asombrosa” reunión en una clínica donde están recibiendo asesoramiento psiquiátrico, dijeron el martes las autoridades.
Se informó que la hija, Elisabeth Fritzl, la mayoría de los niños y su madre se reunieron el domingo en la mañana en la clínica donde estaban recibiendo tratamiento psiquiátrico.
“Fue asombroso lo fácil que resultó, cómo la madre y la abuela se reunieron”, dijo el martes el director de la clínica Berthold Kepplinger a periodistas.
Kepplinger dijo que los miembros de la familia interactuaron con mucha naturalidad, aun cuando los tres niños que vivían con sus abuelos nunca se encontraron con los hermanos que vivían en una celda sin ventanas.
En los años 1993, 1994 y 1997 aparecieron ante la casa de la familia tres niños, que según las versiones de Josef Fritzl habían sido abandonados por su hija para ser educados por sus padres, ya que ella se había adherido a una secta.
ERA UN NARCISISTA
La Policía también dijo que tras revisar otras propiedades de Fritzl, no encontró otras celdas como aquella donde mantuvo a su hija cautiva desde que tenía 18 años de edad.
Según un psiquiatra, Fritzl parece haber sido motivado por un profundo narcisismo y la necesidad de ejercer poder sobre otros.
El psiquiatra austríaco Reinhard Haller dijo que Fritzl “debe haber enloquecido y haberse creído superior a otros”.
La Policía informó que Fritzl confesó el lunes haber mantenido a su hija como su prisionera, abusando sexualmente de ella.
Las autoridades consideran que la esposa de Fritzl ignoraba que la hija estaba viviendo en la celda en el sótano que Fritzl construyó bajo su apartamento en Amstetten.
Al parecer, la mujer creía que su hija se había fugado, en 1984, para unirse a una secta.