La justicia china hizo públicas el martes las primeras 30 condenas a responsables de los disturbios en Lhasa del pasado marzo, entre las que destacaron penas de prisión para al menos seis monjes, tres de ellos con cadena perpetua.
Todas las sentencias, las primeras anunciadas por las revueltas en el Tíbet, fueron dictadas durante el día por el Tribunal Intermedio Popular de Lhasa, y van desde los tres años de prisión hasta la condena perpetua, publicó la agencia oficial Xinhua.
Los tres condenados a cadena perpetua son el chofer Soinam Cering, nacido en 1988; un monje llamado Basang, cuya edad no fue facilitada; y un empresario de 30 años de nombre Cering.
Soinam Cering fue acusado de quemar una serie de vehículos cerca del monasterio de Johkang, en el centro de Lhasa, además de causar daños en comisarías de policía y coches de bomberos y atacar a bomberos.
El joven chofer fue condenado por los delitos de “provocación de incendio” e “interrupción de los servicios públicos”, mientras que la información oficial no señaló por qué crímenes fueron convictos el resto de acusados.
El monje Basang que, como muchos ciudadanos tibetanos, no tiene apellido, fue a su vez acusado de provocar destrozos en una oficina del Gobierno local y 11 tiendas y de atacar a policías en acto de servicio.
De los cinco monjes que acompañaban a Basang, dos fueron sentenciados a 20 años de prisión y tres a 15.
El último de los condenados a cadena perpetua, Cering, es un empresario del condado de Lingzhou, a unos 70 kilómetros de Lhasa, y fue sentenciado por “incitar a otros a incendiar y saquear tiendas y vehículos durante los sucesos violentos ocurridos en el condado los días 15 y 16 de marzo”.
Según el código penal chino, las alteraciones graves del orden con resultado de graves daños económicos y pérdida en vidas humanas pueden castigarse con la pena de muerte.