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Noticias >> Opinión
El borreguismo
Fabio Gadea Mantilla
El autor es director de Radio Corporación
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Querida Nicaragua: El diccionario de la Real Academia Española define la palabra “borreguismo” como la actitud de aquellos individuos que, sin criterio propio, se dejan llevar por las opiniones ajenas. Una definición más que generosa, diría yo, ya que el borreguismo podría calificarse como la actitud sumisa de aquellos individuos sin criterio y sin dignidad y muchas veces sin escrúpulos, que se dejan llevar por las opiniones de los tiranos a quienes adulan y de quienes reciben estipendios y favores. Además obedecen sus señales a veces no tan sutiles.

En nuestro país los vemos actuando por todos lados. Los hemos visto enfrentados en apariencia, protestando en apariencia, dando declaraciones aparentemente contrarias a las de sus jefes, para luego caer rendidos, en los brazos del líder insustituible que con sólo una mirada, una promesa y un abrazo los ha convencido. Así vimos al joven inquieto, fachendoso y bocatero que se dio a conocer con un chocarrero programa de televisión. Hoy en día es diputado, pero pretendió ser candidato a la Alcaldía de Managua por el partido frentista. Anduvo de la ceca a la meca pregonando que habría primarias en su partido y que el pueblo lo tenía señalado a él como el candidato ideal. Pero, ya el jefe supremo había decidido escoger a otro borrego, más obediente todavía, más servilizado. Y no era para menos, pues el tricampeón tiene en su currículo la hazaña de haber dedicado sus primeras peleas al propio general Somoza Debayle y haber desfilado al lado de éste, a caballo en las calles de alguna ciudad.

Hay también borregos de la clase media alta. Pagan el precio de sus millones aborregándose y obedeciendo órdenes, atendiendo a llamados a cualquier hora del día o de la noche. Hay otra especie de borregos y éstos son peores pues habiendo pertenecido a partidos u organizaciones respetables, habiendo luchado toda una vida y habiendo obtenido prestigio y alguna fama, caen al fin borreguizados y sin pensamiento propio, se olvidan del pasado como si no hubiese existido y se conforman con la pitanza que reciben. Es decir, se vendieron por un plato de lentejas, porque ningún dinero es comparable con el prestigio y la dignidad, la rectitud y la honorabilidad de un ciudadano o ciudadana.

Hay borregos ingenuos que creen estar haciendo bien. Son aquéllos que siempre dicen de los tiranos, que son “una realidad política” y que no se puede hacer otra cosa más que plegarse a ellos, para trabajar desde dentro por el bien de la Patria. Siempre por el bien de la Patria. La Patria es el trapo sucio que utilizan para limpiar sus conciencias. Dicen que trabajan desde dentro, en las entrañas del lobo, pero permanecen callados a la hora en que hay que protestar, su silencio los delata, se vuelven pusilánimes y muy parcos, casi mudos.

Hay otros borregos sin mayores pretensiones. Ésos son borregos por naturaleza, idiotas de nacimiento que alaban la genial dictadura de 50 años de Fidel Castro, enfrentado al gigante gringo que no ha podido dominarlo a pesar del cruel “embargo y el bloqueo”.

En fin, que los borregos abundan. Les encanta obedecer. Nacieron para bajar la cabeza, para ser humillados, para ser manejados como marionetas, para gritar la consigna del momento.

Salomón de la Selva lo cantó en sus versos desde principios del siglo pasado: “La independencia fue para que hubiese pueblo, no mugrosa plebe, para que hubiesen hombres, no borregos de desfile”.

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