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Diálogo entre George W. Bush y Arturito Cruz
León Núñez
El autor es escritor
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En la reunión de los analistas políticos de Acoyapa del sábado pasado el presidente de esta asociación informó que los miembros del cuadro dramático de la extinta peña El Bejuco iban a cumplir inmediatamente la promesa —que habían hecho hace cuatro meses— de escenificar un diálogo entre el Presidente de los Estados Unidos de América, George W. Bush y el Embajador de Nicaragua en Washington, Arturito Cruz.

Mi paisano continuó exponiendo que el diálogo fue imaginado en el rancho texano del presidente estadounidense, lo cual explica el porqué George, en esta obra de teatro, trata a Arturo de Arturito —son íntimos amigos— y el porqué Arturito trata a George de George. Si el diálogo hubiera sido en la Casa Blanca George hubiera tratado a Arturito de Embajador y Arturito hubiera tratado a George de Presidente.

La función teatral tuvo lugar en el corredor exterior de mi casa de Acoyapa, y antes de que comenzara el diálogo el director del cuadro dramático, como de costumbre, le pidió a todos los presentes que cualquier parecido con la realidad lo consideraran una mera coincidencia.

Al abrirse el telón aparecieron en escena George y Arturito saludándose con un efusivo abrazo. Los espectadores observaron un evidente rejuvenecimiento de Arturito, debido a que su incipiente coronilla —parecida a la que usaban los antiguos sacerdotes— la cubría con un pequeño peluquín, que por cierto no se le notaba a simple vista. Y mis coterráneos también observaron que su incipiente calvicie situada en la parte anterior de su cabeza la disimulaba muy bien con un artístico y casi imperceptible bisoñé.

Arturito ya no se parecía al hombre que hace un año y medio se encaminaba velozmente a los sesenta años —a la tercera edad— sino a un caballero cuarentón cuyo “charm”, según los entendidos en estas cosas, vendría a ser algo así como el resultado de una simbiosis de las personalidades de Tom Cruise y Porfirio Rubirosa.

“Siéntate hermano, estás en tu casa”, le dijo George a Arturito, y después de los consabidos saludos introductorios se desarrolló la siguiente conversación:

George: “¿Cómo va tu noviazgo con la sobrina de Hillary Clinton?”

Arturito: “Ya le di la quiebra. Ahora estoy jalando con una prima de Obama”.

George: “Quiere decir que tú consideras que Hillary ya no tiene posibilidades de ganar la candidatura presidencial del partido demócrata?”

Arturito: “La Hilaria va a perder; está lista y servida. El futuro Presidente es Barack Obama”.

George: “¿Y a este respecto cuál es la opinión de Daniel?”

Arturito: “Al presidente Ortega y a doña Rosario les gustaría que ganara Obama”.

George: “¿Y quién es doña Rosario?”

Arturito: “La esposa del presidente Ortega; la que le dicen la Chayo; que es la que realmente manda en Nicaragua”.

George: “Pero Trivelli me informó que mandaban 50 por ciento cada uno”.

Arturito: “Ese Trivelli es dundo. La que manda es doña Rosario. El presidente Ortega es un marido de dominio. Por esta razón en Nicaragua todos los funcionarios públicos a quien le tienen terror es a doña Rosario, y no al presidente Ortega”.

George: “¿Y qué harías si Hillary le ganara a Obama?”

Arturito: “Muy sencillo. Le doy la quiebra a la prima de Obama y me reconcilio con la sobrina de la Hilaria”.

George: “Me encanta tu capacidad de cambio”.

Arturito: “Tú sabes que la naturaleza humana es cambiante, y quien no se adapta a los cambios nunca podrá viajar ni siquiera en el último vagón del tren de la historia. En Nicaragua hay un refrán muy sabio que le encanta al cardenal Obando y que dice: ‘la tortilla que no da vuelta se quema’”.

George: “¿Tú crees que John McCain tiene posibilidades de ganar la Presidencia de los Estados Unidos?”

Arturito: “Yo creo que no tiene ninguna posibilidad de ganar, pero si ganara vamos a ver qué pasa”.

George: “No pasaría nada. La posición de McCain es la posición mía. Daniel puede seguir con su misma retórica y puede hacer lo que le dé la gana dentro de Nicaragua siempre y cuando su gobierno, en primer lugar, combata frontalmente al narcotráfico; en segundo lugar, que no promueva ni apoye actividades terroristas fuera de Nicaragua y en tercer lugar, que no facilite la inmigración ilegal a los Estados Unidos. En este caso, si el Gobierno nicaragüense cumple con estas tres condiciones McCain lo seguiría apoyando como hasta ahora lo he apoyado yo”.

Esta interesantísima conversación se suspendió ante el anuncio de que llegaba Gordon Brown. Después que Gordon abrazó a George W. Bush y a Arturito Cruz, el primer ministro británico manifestó que era portador de dos saludos: uno de la reina Isabel para George y otro del príncipe Carlos para Arturito. “Dámele un abrazo a Chale y a la Camilita”, le dijo Arturito a Gordon Brown, refiriéndose naturalmente al Príncipe de Gales, heredero al trono del Reino Unido y a su esposa Camila, Duquesa de Cornualles.

Y en el momento en que estos tres personajes se dirigían a la sala en donde estaban las esposas de Gordon y de George se bajó el telón ante los aplausos de todos los presentes, aplausos que se repitieron tanto que obligaron a los actores —los que hicieron el papel de George y Arturito— a regresar tres veces al escenario para agradecer las muestras de entusiasmo de los espectadores: los analistas políticos de Acoyapa.

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