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Noticias >> Regionales
Una comisión integrada por diferentes instituciones viajó hacia comunidades fronterizas con Honduras. ( LA PRENSA/CORTESÍA)
Comunidades del Río Coco abandonadas
Dicen no tener acceso a la salud, a la justicia y un organismo internacional les brinda alimentos cada tres meses
Como si fuera poco se reportan 67 casos de grisi siknis o locura colectiva
Roberto Mora
CORRESPONSAL/ESTELÍ
departamentos@laprensa.com.ni
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No votarán en elecciones

Un descontento generalizado es evidente en las comunidades miskitas como Raití, San Andrés de Bocay y las demás zonas asentadas en las riberas del Río Coco, donde los pobladores dicen no sentirse representados por nadie.

En una carta que enviaron a LA PRENSA, a través del coordinador de la ANPDH, los representantes de las comunidades indígenas afirman que no votarán en las próximas elecciones.

“A ningún político le daremos el voto. Nosotros como pueblo con cultura diferente tenemos derecho a ser representados por un indígena miskito y no por un mestizo, sin embargo, los políticos de Wiwilí nos dejan en el olvido”, dice en uno de sus párrafos la carta de la comunidad miskita de Wiwilí.

Ante la Asamblea

Roberto Petray, coordinador nacional de la ANPDH, dijo que la difícil situación de las comunidades de la ribera del Río Coco será expuesta ante la Asamblea Nacional, la Comisión de Paz y Reconciliación y otras instituciones, para que haya preocupación por esos nicaragüenses.

En total abandono dijeron sentirse los habitantes de las comunidades como Raití, San Andrés de Bocay, Walakistan y Tuburú, entre otras asentadas en las riberas del Río Coco, fronterizo con Honduras, donde el Estado nicaragüense no tiene incidencia.

Así lo constataron durante un viaje realizado la semana que recién finaliza los representantes de diferentes instituciones, entre ellas la Policía Nacional y la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), quienes se hicieron eco de las necesidades de los más de 22 mil habitantes de esa zona.

El coordinador nacional de la ANPDH, Roberto Petray, dijo que es lamentable la situación en la que habitan estos nicaragüenses, quienes en su gran mayoría han sido acogidos por las instituciones hondureñas, que les están enseñando sus propios códigos culturales al abrirles las puertas de sus escuelas.

Aunque hay que reconocer que después de gestiones hechas por la ANPDH (después de visitar la zona) el Ministerio de Educación paga maestros para que impartan las clases en dichas comunidades indígenas, explicó Petray.

ARMADOS SIEMBRAN TERROR

Una comisión especial compuesta por los jefes y segundos jefes de Policía de los departamentos de Estelí, Jinotega y Matagalpa, la ANPDH, un grupo de estudiantes y docentes de la facultad de Medicina de la Ucatse y sacerdotes de la Diócesis de Estelí terminaron el jueves pasado una visita en las zonas indígenas pertenecientes a comunidades de Wiwilí, departamento de Jinotega.

Petray dijo que en zonas como Plis Central, rumbo a Raití, una banda de armados que se denomina Los Huracanes mantiene en zozobra a la población, debido a los actos delictivos que cometen.

ROSARIO DE DELITOS

Robos con intimidación, abigeatos y hasta violaciones son cometidas por este grupo delincuencial, por lo que los jefes policiales que conformaban la comitiva se comprometieron a realizar operativos en conjunto con el Ejército, para neutralizar a los antisociales.

Asimismo las autoridades se comprometieron a organizar y constituir la Policía con voluntarios, en las comunidades de Plis, San Andrés de Bocay, Walikitan, Tuburús, Pancawás y Raití, para mejorar la seguridad ciudadana en esa zona donde no existen uniformados ni el Poder Judicial; ahí los problemas son arreglados con el palo, machete y piedra.

Las comunidades miskitas también pidieron la presencia de la Policía y el Poder Judicial para enfrentar los problemas ocasionados por delitos como el cultivo, expendio y tráfico de droga, la violencia sexual, principalmente cometida por ciudadanos hondureños que ingresan por el río hacia comunidades miskitas.

DE NUEVO EL Grisi Siknis

La locura colectiva, llamada grisi siknis, sigue afectando a un importante sector de la población indígena sobre todo en Raití, donde hay más de 60 personas corriendo por las calles con piedras, machetes y otros objetos en la mano.

El coordinador de la ANPDH dijo que hay hambre y desesperación en esas comunidades indígenas donde sus habitantes les pidieron que lleven su clamor hasta las autoridades nacionales.

“Cada dos meses llega el Programa Mundial de Alimentos (PMA) a entregarles 30 libras de granos básicos y luego no se vuelve a aparecer nadie”, agregó Petray.

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