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Sólo la democracia sostiene los logros de una sociedad
Jaime Lacadena Higuera
El autor es Embajador de España. Resumen del discurso pronunciado al recibir la Orden José de Marcoleta
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Al premio que de por sí supone haber servido a mi Patria en Nicaragua, se añade el honor de recibir la Orden que rinde homenaje a un ilustre diplomático español y nicaragüense, que ambas cosas supo ser don José de Marcoleta, “hijo de la Nación Española y ciudadano de esta República”, como reconoce oficialmente el Gobierno de Nicaragua tras la firma, el 25 de julio de 1850, del Tratado de Paz y Reconocimiento de la Independencia de Nicaragua, por el que España saludaba a esta República como “nación libre, soberana e independiente, con todos los territorios que le pertenecen de mar a mar, o los que en lo sucesivo le pertenezcan”. Fue Marcoleta quien suscribió este tratado en nombre de Nicaragua, cuya ciudadanía le había sido otorgada el 24 de marzo de 1846. Desde entonces, fueron innumerables los servicios que prestó a su Patria de adopción que, algo tímida a la hora de dar sustento económico a las altas misiones que le siguió encomendando, supo al fin reconocerle como el padre de la diplomacia nicaragüense.

José de Marcoleta fue a buen seguro el primer español que dedicó su saber y su esfuerzo a la noble causa de Nicaragua, pero su ejemplo, de forma mucho más modesta, casi siempre anónima, pero no menos generosa, ha sido imitado por miles de compatriotas que, a lo largo de las últimas décadas, han venido a esta querida nación a trabajar en la construcción de un futuro mejor.

La Cooperación Española es la piedra angular de las relaciones de España con Nicaragua. Los españoles queremos honrar nuestra fraternal amistad a través de un compromiso permanente con el pueblo de Nicaragua. Se trata del mandato de todo el pueblo español, expresado por mi gobierno en el Plan Director de la Cooperación Española, que define a Nicaragua como “País Prioritario”, lo que implica una mayor concentración de recursos, tanto humanos como materiales. Con el Acuerdo Básico de Cooperación Científica y Técnica de 1974 y su Convenio Complementario de 1989 como marco de referencia, se han ido acordando sucesivos programas de cooperación, concretados en las Reuniones de las Comisiones Mixtas, celebradas cada cuatro años entre los gobiernos de España y Nicaragua. La última, suscrita en agosto pasado en ocasión de la visita de la Vicepresidenta Primera del Gobierno, establece las líneas maestras de la Cooperación Española en Nicaragua para el período 2007-2011.

El Objetivo Estratégico Global de la Cooperación Española en Nicaragua es contribuir a la reducción de la pobreza, con equidad de género y bajo criterios de sostenibilidad ambiental, incidiendo especialmente en las poblaciones más vulnerables. Para ello hemos puesto en marcha proyectos y programas encaminados a fortalecer la gobernabilidad democrática a fin de aumentar la capacidad de las instituciones de responder a las demandas de los ciudadanos, a fomentar una mayor cohesión social que permita reducir las desigualdades, la exclusión social y la pobreza y, por último, a realizar acciones que refuercen las bases del desarrollo económico sostenido, favorezcan la creación de mayores oportunidades y mejoren la inserción de Nicaragua en la economía mundial.

Me siento orgulloso de la labor realizada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, de la cooperación descentralizada llevada a cabo por Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, de la ejecutada por las ONG españolas. Todas merecen mi reconocimiento y gratitud. Pero permítanme resumir el compromiso de España con Nicaragua en un solo proyecto, el de mayor volumen económico de la Cooperación Española en todo el mundo: 30 millones de euros —más de 45 millones de dólares— destinados a la recuperación medio ambiental del vertedero de La Chureca y, sobre todo, a dignificar la vida de sus pobladores proporcionándoles una vivienda y servicios de educación y salud adecuados, así como mejorando sus condiciones de trabajo. El próximo mes de mayo comenzará la ejecución de este proyecto que tiene a la Alcaldía de Managua como contraparte local.

España está ciertamente orgullosa de su compromiso con Nicaragua y de formar parte de una generosa comunidad de donantes que lleva décadas apoyando desinteresadamente al pueblo nicaragüense. Pero sabemos por experiencia, pues también tuvimos ocasión de contemplar de cerca las caras de la pobreza, que ese esfuerzo es por sí solo insuficiente para erradicar la miseria. Sabemos que para curar ese mal no hay mejor remedio que la creación de riqueza y su justa distribución, estamos convencidos de que es necesario generar la confianza de los inversores para crear puestos de trabajo que proporcionen un empleo y un salario digno a la población. La inversión española en Nicaragua, firmemente comprometida con el futuro de este país, se ha concentrado hasta ahora en el sector de servicios –electricidad, telefonía—, pero tengo la íntima convicción de que pronto pueden sumarse otros de alto valor añadido y más que ninguno el turismo. La naturaleza, tan cruel en ocasiones con Nicaragua, la ha compensado con bellos paisajes a lo largo y ancho del país, junto al mar, los lagos o las cordilleras. Su historia, rica en acontecimientos, se refleja en calles y plazas, y la irresistible simpatía del nicaragüense cautiva a cuantos aquí hemos sido generosamente acogidos. Con esos atractivos no tengo la menor duda de que el sector turístico va a convertirse a no muy largo plazo en el motor del desarrollo económico y que, contando con la imprescindible seguridad jurídica, se propiciará el adecuado clima de confianza para que las inversiones garanticen la prosperidad de Nicaragua.

Prosperidad y democracia, que no sólo de pan vive el hombre. Mi país, España, ha conocido a lo largo de su historia etapas de intolerancia que nos llevaron a desconocer derechos y libertades y nos precipitaron al terrible abismo del conflicto civil. Firmemente decididos a superar para siempre nuestras diferencias, hace ya treinta años votamos una Constitución democrática que sentó las bases del Estado de Derecho. Y estamos satisfechos de nuestra experiencia. Tanto que la hemos querido compartir con nuestros amigos, con nuestros hermanos. Por eso, porque queremos para los demás las mismas metas que anhelamos para nosotros mismos, consideramos necesario que nuestra estrategia de cooperación debe incluir programas que fomenten la institucionalidad democrática, el equilibrio y separación de poderes, el acceso de todos los ciudadanos a la justicia, la equidad de género, la libre expresión de nuestra voluntad a través de elecciones justas y transparentes, en una palabra, la democracia como único marco posible para sostener, en un ambiente de convivencia, respeto y tolerancia, los logros de una sociedad más justa, más próspera, más equitativa.

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