Prometía ser la serie menos reñida en la Liga de Campeones, por ser el Manchester el favorito para ganar el torneo, pero ayer los pronósticos fueron contrarios a lo sucedido.
Los ingleses lucieron apagados por un Barcelona dominante, pero que siguió con problemas en la definición. El resultado final fue el sinsabor del empate sin goles.
Era el momento para que Cristiano Ronaldo brillara y demostrara por qué es el mejor delantero. Sin embargo, el atacante portugués fue el primero en errar, tras fallar un penalti que el árbitro pitó a los tres minutos de juego.
Luego de la primera acción del partido, el conjunto inglés se extravió en la cancha y no conciliaba un orden estratégico que permitiera crear una jugada peligrosa para los catalanes. Paul Scholes se perdió en la media cancha, mientras que Wayne Rooney no se miró en el juego más que en esporádicos momentos en que le tocó defender.
Cristiano se movilizaba rápidamente por la banda, pero no concretó ninguno de los tiros libres y jugadas individuales.
Por su parte, el Barcelona lució motivado, guiado por un Lionel Messi sin su máximo nivel, pero que fue lo suficientemente hábil para desequilibrar a los defensas Rino Ferdinand y Carrick.
Sin embargo, Frank Rijkaard no expuso a Messi a más peligro, pensando en el partido de vuelta, y lo sentó en la segunda parte para ingresar a Bojan Krkic.
La ofensiva azulgrana bajó de intensidad, pero Samuel Eto’o , Iniesta y Xavi Hernández fueron un problema para el Manchester.