La bulimia ha sido, por mucho tiempo, una enfermedad atribuida a un sector específico de la sociedad: jóvenes adolescentes delgadas.
Pero un político británico, que no pertenece a esa categoría dictada por los estereotipos, acaba de hacer pedazos el cliché al admitir que él sufrió de ese mal hasta hace un año.
John Prescott fue, hasta la renuncia de Tony Blair a la jefatura del gobierno, viceprimer ministro.
Prescott viene del movimiento sindical y siempre se jactó de su amor por la comida, cualquiera que ésta fuera. De ahí su figura robusta.
PRENSA
De manera que, cuando en varias entrevistas con medios de comunicación este pasado fin de semana, John Prescott admitió que sufrió de bulimia desde casi el momento en que su partido llegó al gobierno en 1997, muchos se sorprendieron.
El político sobrevivió sus años en el poder a punta de hamburguesas, papas fritas, chocolates, pescado frito y toda clase de frituras. Luego, como ocurre con los bulímicos, vomitaba lo digerido.
Ni siquiera los tabloides británicos, tan aficionados a burlarse de Prescott debido a su falta de elocuencia verbal y su reputación de tener dos automóviles a su disposición, se han atrevido a mofarse de él.
Prescott, que está publicando su autobiografía, dice que le dio “vergüenza” admitir una situación “embarazosa”.
“Me podía beber una lata entera de leche condensada solamente por sentir su sabor”, dice el político.
El stress lo llevó a consumir, por confesión propia, grandes cantidades de golosinas y comida china.
PERSONAJES CÉLEBRES
En todo caso, él no es la única persona célebre en sufrir del mal.
El cantante Elton John admitió que, durante sus años de adicción a las drogas y excesos alcohólicos, padeció de bulimia.
Este es el caso del ex futbolista Paul Gascoine, el corredor de Fórmula Uno, David Coulthard y el actor Dennis Quaid.
John Prescott, quien fue considerado en su momento el mastín del Gobierno, por su absoluta falta de tacto en las declaraciones, ha adquirido un nuevo halo de respeto mediático, al admitir un mal no necesariamente atribuido a dirigentes gremiales que se pasaron gran parte de la vida en la Marina Mercante, como es su caso.
“Si ya es duro para una niña joven confesar (que sufre de bulimia) impresiona que lo haga un político muy conocido que tiene casi 70 años de edad”, dice el doctor Ty Glover, un siquiatra experto en trastornos alimenticios.
CAMPAÑA
Y es que esa admisión pública está ayudando a poner sobre la mesa un problema que afecta, junto a la anorexia, a por lo menos un millón de británicos, el 90 por ciento de los cuales son mujeres.
Ahora, retirado de los avatares del Gobierno, limitando sus actividades políticas a las de un diputado común y corriente, Prescott se ha embarcado en una campaña del servicio nacional de salud británico para crear conciencia de la enfermedad.