/Periodista
El nuevo de la 14
Martha Solano Martínez

“No soy uno del montón. El problema es que, a como dicen, por uno la pagan todos”, comentaba Félix mientras esquivaba los baches de las calles de Managua. Era su primer día de trabajo. Bueno, no exactamente la primera vez que trabajaba, pero sí su primer día como conductor de la ruta de buses 114.

Antes había manejado en la ruta 120, una de las más largas de la capital, caracterizada por altas velocidades y una brutalidad especial con la que manejan sus conductores. Pero Félix dice que no es de ésos. Él maneja con calma, como a 60 kilómetros por hora. ¿Será porque sabe que lleva a una periodista observándolo? ¿Será que el calor le quita el ánimo? ¿Quién sabe?

Este hombre bajito, regordete, de 27 años de edad, pero con cara de 30, le trabajaba a su papá. Pero dice que en el negocio del transporte público se desconfía de todo y de todos. Por regla los conductores deben cobrar el pasaje de los usuarios y éstos se hacen responsables de hacer llegar el dinero recolectado al dueño del bus. Parece que ahí fue donde tuvo problemas con su jefe-papá y entonces decidió cambiar de ruta.

¿Su experiencia? Cinco años. Dice que ha chocado como cinco veces, no ha matado a nadie todavía y el último accidente lo tuvo contra un bus que iba delante de él. “Frenó a la impresión y no me dio tiempo de detenerme. No fue grave”, cuenta. Esa vez perdió la “educación” y llamó “cabrón” al camarógrafo de un noticiero rojo que insistía en filmarlo aún sin su consentimiento.

“Pero yo soy educado”, dice el bachiller. “Respeto mucho a la gente. No es porque vaya usted, pero si una viejita me hace parada, yo me detengo y espero hasta que se monte, igual cuando baja. Ése es mi trabajo”.

El hombre habla bajito. Como apenado. El bus que maneja, de esos buses escolares que ya terminaron su vida útil en otro país, pertenece a una señora de apellido López. A ella le rinde cuentas, le entrega el dinero y luego recibe su paga equivalente al diez por ciento de los pasajes recolectados.

Es mediodía en punto. Ésta es la tercera vuelta que hace Félix. Son más de 40 kilómetros los que debe recorrer. Desde Unidad de Propósitos, hasta el sector conocido como la Refinería. La Managua de punta a punta.

Con la vista al frente, Félix estira la mano derecha para recibir las monedas de sus pasajeros. Como en un acto instintivo, si la moneda es más ancha de lo normal, con la misma mano busca el cambio y sigue manejando. Ésta fue una “vuelta palmada”, calcula que habrá recogido unos 350 córdobas en pasajes, de ésos, le corresponden 35. Si las demás vueltas en el resto del día se “componen”, quizás logre acumular 300 córdobas por el día de trabajo.

Después de dos horas y media sentada en la misma silla, sin levantarme, sólo saltando al ritmo de los desniveles de las calles de Managua, yo he acabado con dolor en la espalda. A Félix se le ha secado el sudor por tercera vez en la camisa a cuadros que viste.

El tipo sigue manejando con calma. “La prisa no lleva a nada”, comenta. Pero él no toma todas las cosas con calma. A sus 27 años ya tiene cuatro hijos, años atrás “creía que el mundo se iba a acabar”. En medio de esos recuerdos deja escapar una carcajada.

Ahora debe pensar en sus hijos, quiere mejorar su vida, terminar sus estudios de mecánica y tal vez dejar de ser busero.

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