Defecto o virtud. Usted decida. Pero una de las características esenciales de Ozzie Guillén, mánager de Chicago, es que nunca se queda con nada. Va directo al grano. Le guste a quien le guste. Y ni multas lo paran.
Hace días, dijo que el juez Phil Cuzzy le caía mal. “En realidad, los dos nos caemos mal. En cuanto lo veo, sé que seré expulsado”, dijo. Las Grandes Ligas reaccionaron con una multa. Grande. “Con eso pude haber comprado un terreno en Venezuela”, dijo Guillén sin revelar el monto.
Sin embargo, dijo en claro que no se callará. “No tengo porqué dejar de decir lo que siento. Creo que la multa está bien, pero está bien lo que dije. Era lo que sentía en ese momento”, se excusó el mentor.
El año pasado cuando Andy Van Slyke, coach de primera de Detroit, hizo comentarios sobre los Medias Blancas, Guillén salió al contraataque y dijo: “Ese tipo que se limite a recoger los cascos que le dejan los bateadores en primera. Ese es su trabajo”.
Cuando Jon Garland se negó a golpear a los Rangers, en represalia a bolazo que dio Vicente Padilla, Ozzie lo esperó en el dogout y lo trató delante de la TV.
Ahora fue más allá. Dice que Roberto Clemente es el tercer mejor pelotero nacido en Puerto Rico. Que el mejor es Iván Rodríguez y después Roberto Alomar.
Las reacciones en la isla del encanto han sido fuertes. Y aun cuando habrá jugadores que lo superen en cifras, el impacto de Clemente dentro y fuera del campo, lo volvieron leyenda, y no sólo en su país.
Pero también a través de las cifras, Clemente está delante. Bateó 3,000 hits. Ganó un premio de Más Valioso, cuatro títulos de bateo y 12 Guantes de Oro. Alomar se quedó con 2,724 hits y 10 manoplas doradas.
Rodríguez tiene 36 años y recién dobló sobre los 2,500 hits, con un cetro de Más Valioso y 13 guantes de oro. Podría ser el mejor de la historia en su posición, pero nada parece hacer peligrar el status de Clemente, cuya grandeza va más allá de las cifras.