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Con el aumento en dos grados de temperatura la degradación ambiental será mayor. En Nicaragua muchos ríos ya se han secado. (LA PRENSA/ ARCHIVO)
La naturaleza toma venganza
Sólo la inversión de los gobiernos, el interés de la población y la conservación del medio ambiente podrían disminuir las consecuencias catastróficas provocadas por el cambio climático. El panorama luce negro, más en un país como Nicaragua donde el desprecio por la naturaleza es evidente, asegura el científico y premio National Geographic, Jaime Incer Barquero
Roberto Pérez Solís
nacionales@laprensa.com.ni
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El barco se hunde

“Podríamos estar hablando de la posibilidad de ser apoyados por algún país extranjero, pero por ser un país que no reacciona, no toma medidas, no aprovecha las experiencias pasadas, no la tenemos, y entonces vamos a seguir en este proceso de autodestrucción económica, ecológica y deterioro social, el barco se está hundiendo, tal vez sea muy negativo, pero después de tantos años he visto que pasan los gobiernos, ministros, alcaldes y ninguno de ellos hace algo por revertir esta situación, tiene una visión cortoplacista”, advierte el doctor Jaime Incer Barquero, premio National Geographic.

Millones de pobladores bebiendo agua contaminada, otros miles disputándose la poca que podría estar limpia, cada año damnificados por doquier a causa de la brutalidad de un huracán o un tornado, y quizás decenas de muertos por derrumbes provocados por intensas lluvias.

Para muchos podría sonar a un pasaje del Apocalipsis o la introducción de una novela de terror. Pero no. Son palabras del experto en temas ambientales y premio National Geographic, Jaime Incer Barquero, quien asegura que si Nicaragua no toma las medidas para amortiguar o prevenir los efectos del cambio climático, en unos 30 años esto podría suceder.

El Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que se presenta mañana en Nicaragua, se titula La Lucha contra el Cambio Climático: Solidaridad Frente a un Mundo Dividido. Precisamente en este informe se manifiesta que el cambio climático amenaza con paralizar y revertir los avances conseguidos por generaciones no sólo en reducir la pobreza, sino en aspectos fundamentales para la vida como salud, nutrición y educación.

El documento señala que el fracaso de las políticas para revertir las consecuencias del calentamiento global —producto de los gases de efecto invernadero— o la no implementación de las mismas, llevará al fracaso al 40 por ciento más pobre de la población mundial o lo que equivaldría a unos 2,600 millones de personas. Esta enorme masa poblacional tendría un futuro con muy pocas oportunidades y las desigualdades al interior de los países serían grandes.

ENTRE LOS POBRES

El cambio climático afectará las precipitaciones, las temperaturas y el agua disponible para actividades agrícolas en zonas vulnerables. Esto minará los esfuerzos para reducir la pobreza rural. Para el año 2080 la cifra de afectados por desnutrición será de un poco más de 600 millones.

El derretimiento de los glaciares hará que 1,800 millones de personas vivan en zonas escasas de agua. El aumento del nivel del mar y los desastres meteorológicos incrementará la temperatura en tres grados centígrados, obligando al desplazamiento de 300 millones de personas.

Sin embargo, los mayores impactos para la salud se van a sentir en los países en desarrollo debido a los altos niveles de pobreza y la poca capacidad de respuesta de los sistemas de salud pública. Entre 200 y 400 millones de personas podrían verse expuestas al paludismo o dengue.

Entre el 2000 y el 2004 unos 262 millones de personas resultaron afectadas por desastres climáticos y más del 98 por ciento vivía en países en desarrollo. Nicaragua se ubica en esta posición y aquí radica la preocupación de Incer Barquero. En el informe del PNUD el país se ubicó en la posición 110, en comparación con la 112 alcanzada en el 2006. Nicaragua se ubica entre los países con desarrollo medio bajo, superando en su mayoría a países de África.

A criterio del científico, somos un país pobre, sin educación, que hemos consumido y destruido nuestros recursos naturales sin reponerlos. Los municipios más pobres perdieron la productividad de los suelos porque desaparecieron sus bosques, erosionaron los suelos y agotaron las fuentes de agua.

“La gente vive en un estado total de miseria, la gente busca tierras, se interna en el bosque y en lugar de aprender a aprovecharlo lo corta, lo quema para sembrar maíz o frijoles para sobrevivir, pero como los suelos no son agrícolas sino forestales la producción que ellos tienen para consumo no les dura más de dos años y entonces se ven obligados a cortar más montañas y extender como un cáncer la destrucción del medio ambiente”, se lamenta Incer.

SIN CAPACIDAD

Se viene el reto de las consecuencias catastróficas del cambio climático, pero Nicaragua no tiene capacidad para afrontar semejante situación y tampoco hace nada para contribuir, en la medida de sus posibilidades, a coadyuvar en el proceso mundial, explica Incer Barquero.

Esto se debe a que “no hay pensamiento para el futuro”, agregó el doctor. “Todo es día a día”.

Las grandes emisiones de dióxido de carbono que provocan el efecto invernadero, que ocurre cuando se forma la capa impermeable que hace que los rayos del sol que entran no salgan de la atmósfera calentando a ésta por abajo, salen en mayoría de los países desarrollados.

Y aunque nuestro país no es industrializado, existen muchas actividades que producen dióxido de carbono, como la quema de los bosques o el consumo exagerado de petróleo. No obstante, los niveles son menores que los países desarrollados y eso se debe aprovechar. Se podrían ofertar los bosques, en el mundo, para controlar la emisión de gases, porque los países industrializados gastarían millones en el cambio de tecnologías para reducir sus emisiones.

“Tenemos bosques o podríamos plantar suficientes árboles, el bosque captura el exceso de dióxido de carbono y suelta oxígeno, el Protocolo de Kyoto puede ser un elemento para que Nicaragua ponga en función sus bosques y los países industrializados nos paguen una cuota anual por nuestra contribución forestal al problema, a ellos les sale más barato”, dijo Incer Barquero.

La contribución de los países industrializados, por ejemplo, se podría invertir en la protección del medio ambiente, aspectos educativos y hasta sanitarios de la población.

APOYO NO SE APROVECHA

Pero mientras no se revierta esa situación, no exista un ordenamiento territorial o se manejen los recursos naturales de la mejor manera, señala Incer, “nos empobrecemos, deterioramos y hasta escapamos del apoyo internacional que pudiera surgir del control del cambio climático”.

Pero lo más dramático, según el experto, es que no estamos preparados para resistir los embates de los fenómenos naturales, no se toman medidas preventivas o las acciones posteriores no son las idóneas. Lo que hace falta son medidas previsorias, prácticas, porque se sabe cuáles son las zonas vulnerables a las erupciones volcánicas, sismos, huracanes, sequías e inundaciones.

“¿Hasta dónde la población está preparada?, al contrario, siguen insistiendo en hacer las mismas acciones que le causan los daños. Hace 10 años se derrumbó la ladera sur del volcán Casita, ese fenómeno se puede repetir, el área no está curada y otro huracán, otra lluvia intensa, puede derrumbar otro pedazo. Yo dije que había que plantar árboles, no vamos a evitar el derrumbe, pero van a amortiguar el impacto, nadie hizo nada”, explicó Incer Barquero.

El experto insiste en que existe una “conducta irresponsable” de todos en general, desde gobiernos, ministros, alcaldes, productores y hasta de los mismos pobladores, porque no se tiene una “conciencia de la problemática ambiental” que podría ser grave en los próximos años.

POSIBLES SOLUCIONES

Las crisis del clima afectan los medios de subsistencia de varias maneras. Arrasan los cultivos, reducen oportunidades de empleo, elevan el precio de los alimentos y destruyen bienes raíces, lo que lleva a las personas a tomar decisiones difíciles. Las familias adineradas pueden enfrentar el caos recurriendo a seguros privados, utilizando sus ahorros entre otros. Los pobres tienen menos alternativas y en un esfuerzo por proteger el consumo diario venden sus activos productivos, con lo que ven comprometida su capacidad de generar ingresos.

Cuando caen en niveles más bajos pueden no tener más alternativa que reducir el número de comidas, disminuir los gastos en salud o retirar a sus hijos de la escuela para aumentar la mano de obra.

REDUCCIÓN DE EMISIONES

Para disminuir y reducir las consecuencias de la inclemencia del clima el Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), señala que las emisiones de dióxido de carbono en el mundo deben reducirse en un 50 por ciento antes del año 2050. Los países de ingresos altos deben reducir al máximo entre el 2012 y 2015, y luego aplicar recortes de al menos un 30 por ciento hasta el año 2020.

También debe haber una inversión en desarrollo a prueba de fenómenos climáticos, es decir, se hace cada vez más necesario determinar el costo de la infraestructura actual. El Banco Mundial estima que el costo para proteger la infraestructura e inversiones del desarrollo contra las catástrofes climáticas ascenderá en el 2015 a unos 44,000 millones de dólares al año.

Además indica que se deben adaptar los programas de reducción de la pobreza al cambio climático. Los planes de reducción de la pobreza se pueden fortalecer de modo que aumenten la capacidad de resistencia y recuperación y reduzcan la vulnerabilidad. Los planes y presupuestos nacionales de reducción de la pobreza son el canal efectivo para lograrlo.

Por otro lado, se habla de fortalecer el sistema de respuesta en caso de catástrofes. Invertir asistencia en la reducción del riesgo de desastres producirá mejores resultados que la ayuda posterior a una catástrofe. Se necesitarían unos 86,000 millones de dólares a nivel mundial por año hasta el 2015 para asuntos de adaptación de políticas para prevenir y mitigar las catástrofes.

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