Observar con detenimiento cada detalle de las pequeñas obras de arte que crea Sonia Saravia Gutiérrez, es prácticamente una terapia para los ojos y la misma mente.
Su trabajo está basado en pedazos de madera esculpidos por las aguas del mar, conchas blancas, rosas y nacaradas; que en conjunto, ofrecen paisajes miniaturas de espléndida belleza.
Tortugas viviendo el espectáculo del desove y la trayectoria de miles de tortuguillos en busca del agua marina; son recreaciones que tiene en sus trabajos. Además se puede apreciar la unidad familiar y el cuido de las aves madres con sus polluelos.
Su última colección de más de 250 obras, recrea las costas de Chacocente y la impresionante lucha de las tortugas marinas por salvar su especie ante los depredadores naturales. Pero también crea bellas mariposas, flores, ranas, búhos, mariquitas, reptiles y otros animalitos.
Sonia Saravia, de 60 años, es oriunda de Diriamba. Lleva en sus venas sangre leonesa por su padre, Manuel Saravia Ocampo (q.e.p.d.). De la diriambina de corazón Juanita Gutiérrez, su madre (también fallecida) heredó el arte.
“Siempre me ha gustado el arte. Yo tejo, pinto, hago artesanía, bolsos, decoro sandalias, en fin, todo lo que mis manos tocan lo convierto en arte”, reconoce Sonia, quien es abogada y notaria pública de profesión.
Desde 1983 puso en práctica su nato conocimiento, el cuál le da aliciente, cuando el stress y el cansancio del trabajo cotidiano la agobian.
“Desde niña me han gustado las cosas del mar. Veraneábamos por muchos días en las playas de Masapa. Ese lugar era de la familia Rappaccioli y me encantaba recolectar conchitas en esas costas”, recuerda.
Masapa se extiende por largos kilómetros de playa entre La Boquita y Masachapa. Su ancha y soleada costa se tupe con gran variedad de conchitas de colores, cangrejitos y otros animales de mar.
Saravia explica que a pesar de que las costas del Pacífico son ricas en variedad de conchas, algunas se han vuelto escasas. A su criterio, las costas de Masapa por ser casi vírgenes, aún conservan las mejores variedades, lo que le facilita el trabajo a la hora de echar a andar su creatividad.
Entre sus aptitudes, la pintura es otra de las artes que practica desde muy joven doña Sonia Saravia. Según cuenta, siempre se optó por pintar aves coloridas, paisajes, pulpos y otros elementos de la madre naturaleza.
Su pasión además de la pintura y sus animalitos confeccionados de conchas; son los ángeles. Su casa está escoltada de estos mágicos y celestiales personajes.
Pero también le apasiona la poesía desde sus años de secundaria. “Escribí poemas al proceso revolucionario y alguna vez estuve en LA PRENSA con Pablo Antonio Cuadra”, rememora.
Su trayectoria de artista la llevó a ferias nacionales de gran importancia en los años ochenta, donde participó en muchas ferias de artesanía a nivel nacional, pero dejé de trabajar por muchos años.
El oficio de las leyes la alejó de su práctica creativa por largos años, retomándolo de nuevo hace año y medio.
“La naturaleza nos da tantas cosas que pasan desapercibidas por nosotros, pero están allí, al alcance de nuestros ojos”, reflexiona.
La abogada y notaria pública Sonia Saravia Gutiérrez se inclina por trabajar materiales de origen marino. Pedacitos de troncos retorcidos, con figuras fantásticas y colores oscuros, negros y blancos.
Una vez terminadas sus obras, resulta increíble la confección de una tortuguita arrastrándose por la arena en busca del agua para salvar su vida. Se pueden apreciar toritos y conchas blancas bellamente acabadas, formando aves y otros animalitos.
Conchas negras, caracoles, cofrecitos rosados y pedacitos de ramitas para formar los nidos o hacer las patitas de las gaviotas y las garzas.
También se apoya en perlas y flores. Todo es en miniatura. Cada pieza tiene su sello particular, ninguna pieza se repite.
“Yo sé que hay gente que copia los trabajos de uno, pero cada quien le pone su sello personal”, explica.
Las obras de Sonia Saravia forman parte de su vida. Hacer estos trabajos la desconectan del mundanal ruido. Se traslada a otro mundo cuando se sienta frente a la mesa del comedor a detallar cada paisaje, cada mensaje, cada historia.
“Yo le doy vida a cada pedacito de madera que tira el mar, mientras la gente los quema y los usa de leña para cocinar”, sostuvo.
Manifestó que algunas piezas son usadas tal y como la naturaleza las creó, pero otras deben ser procesadas, hervidas y blanqueadas para convertirlas en obras de arte.
Saravia además de la diversidad de fauna y flora que recrea en su arte, también delata el trabajo delicado y minucioso que la caracteriza. Cada pieza representa largas jornadas de trabajo entretenido.
“Aquí me siento a crear y a dejar que la imaginación me traslade al mar, a la realidad de nuestra flora y fauna, de sus necesidades. Por eso yo denuncio la problemática (ambiental) con mi trabajo”, señaló.
Esta artista nata busca sus obras que la gente aprenda a querer y a respetar la naturaleza.