Granada en el pacífico y en el sur de Nicaragua, la ciudad más antigua del continente Americano, está agonizando lentamente, con elegancia, paso a paso, pero caminando al colapso. ¿Por qué? Porque le falta amor, porque le falta que el ojo visionario de un gobernante ponga interés por esta histórica y legendaria ciudad de América.
La han visitado hasta los reyes, pero hasta allí nomás. Walker la dejó en ceniza. Granada surgió de esas ceniza, pero sus hijos la han abandonado. Los gobiernos mucho más. De Granada han salido los grandes de la historia de Nicaragua, presidentes probos y honrados como Vicente Cuadra, guerreros como Emiliano Chamorro, pensadores como Carlos Cuadra Pasos, historiadores como Carlos Bravo, perseguidores de la cultura como Francisco Pérez Estrada, personajes pintorescos y artísticos como el Cabo López, etc, etc, etc… Pero Granada está agonizando. Tratemos de salvarla.
¿Cómo es posible que rodeada del Gran Lago de Nicaragua con sus isletas y volcanes, protegida por el exuberante Mombacho, con enorme potencial turístico, industrial y agrícola, Granada se acabe? No, señores diputados por este departamento, no señores del Gobierno. Señor Ministro de Turismo, del Magfor, ¿dónde está su visión? Quítense la venda de sus ojos y miren al futuro.
No ven que Granada está a escasos 50 kilómetros de la vía al Atlántico, no ven que Granada pega con Boaco y Chontales; departamentos ricos en comercio y el agro —fueron más certeros nuestros ancestros, cuando Granada además de ser por un tiempo capital de Nicaragua fue la ciudad más rica, más próspera y más culta del país—. En Granada había que salir de leva y los señores y señoritas con sombrero y vestidos largos. Había ópera y hoteles famosos. Almacenes con artículos europeos. Esa fue la Granada del siglo XVIII, la Granada de principios del siglo XIX, la Granada de nuestros padres y abuelos. ¿Qué pasa? ¿No lo ven? Con sólo construir 52 kilómetros de buena carretera, hacer magníficos puentes, en Panaloya, El Riíto, Malacatoya y El Recreo, ya estaríamos unidos con el centro de Nicaragua y con el Atlántico. Se desbordaría hacia Granada todo el empuje que llevan estos departamentos.
Es de suma urgencia que el enorme potencial lechero, arrocero y agrícola de la costa del lago y de Malacatoya, el potencial ganadero de Chontales y Boaco, Río San Juan y San Carlos, busque Granada para intercambiar y vender lo que esos departamentos producen. Por unos pocos centavos de inversión tendríamos un futuro seguro y próspero para esta ciudad que en su juventud fue deslumbrante por sus universidades. Por sus colegios pasó la crema y nata de este país.
Si el Presidente actual o el que nos venga después, si los diputados actuales proceden con visión y energía a hacer realidad esta vía —Granada-Tecolostote— pasarían a la historia así como nadie olvida que fue el general Emiliano Chamorro Vargas, quien hizo el Puente de Madera en Panaloya, cuando Granada era la novia de Chontales, Boaco y el Atlántico. No pierdan un solo día más. Más vale tarde que nunca. Antes que sea demasiado tarde.