Querida Nicaragua: la historia es la maestra de la vida y ella nos dice que somos un país de caudillos y caciques, y esto en el mundo de hoy es una lamentable calamidad. El cacicazgo y el caudillismo conducen a los pueblos a vivir bajo el yugo de las dictaduras. En pleno siglo XXI es necesaria una seria reflexión sobre el porvenir de nuestro pueblo.
Nuestros hermanos centroamericanos hace rato dejaron atrás el caudillismo o el cacicazgo que mantuvieron algunos de ellos en los tiempos del pasado. Cuando ocurrió el conato de cacicazgo en Costa Rica, apareció don José Figueres Ferrer en 1948 para salvar a la nación de la amenaza dictatorial y de los fraudes electorales. Desde entonces Costa Rica ha tenido 16 períodos presidenciales, incluido el actual, lo que suma 60 años de democracia continuada. El fantasma del cacicazgo o del caudillismo desapareció de la nación hermana y cada cuatro años el pueblo va a las urnas en un ejercicio electoral que es toda una fiesta cívica. En Costa Rica no hay sobresaltos ni cambio de reglas del juego, ni reformas mal intencionadas a la Constitución. Los presidentes entran y salen y el país continúa su avance hacia el desarrollo y el fortalecimiento de sus instituciones. Tenemos ese buen ejemplo si miramos hacia el sur.
Veamos ahora hacia el norte y encontremos a nuestra hermana república de Honduras. Después de la dictadura de Tiburcio Carías Andino (1933-1949), vinieron algunos amagos de gobiernos civiles (Juan Manuel Gálvez y luego Julio Lozano), pero siguieron una serie de cuartelazos con la instalación de militares en el Gobierno, hasta que en el año 82 el pueblo eligió a Roberto Suazo Córdoba. Le siguieron José Azcona, Rafael Leonardo Callejas, Carlos Roberto Reina, Carlos Flores Facussé, Ricardo Maduro y el presidente Manuel Zelaya. Siete presidentes electos popularmente para 28 años de democracia. Nuestra hermana Honduras se liberó también del fantasma tenebroso del caudillo o del cacique.
Veamos hacia nuestra hermana El Salvador. Después de la tristemente célebre dictadura de Maximiliano Martínez, vinieron Juntas Militares y luego elección de coroneles como presidentes de la República. Después de cruentas guerras y del inminente peligro de caer en manos del comunismo, se hicieron elecciones en 1984, las que ganó el presidente José Napoleón Duarte. En sucesivos períodos de cinco años le siguieron Alfredo Cristiani, Armando Calderón Sol, Francisco Flores y el actual presidente Elías Antonio Saca. Cinco presidentes en fila para 25 años de democracia. En nuestra hermana El Salvador, también desapareció el fantasma del cacique o del caudillo.
Como todos sabemos, en nuestro país logramos salir de la dinastía de 45 años de la familia Somoza. Pero fuimos incapaces de comenzar un auténtico proceso democrático. Se nos vino encima otra dictadura, la de los comandantes de la revolución, que lejos de fortalecer las instituciones, las echaron por el suelo, destruyendo también la economía de la nación.
Hicimos el intento de inaugurar una democracia en 1990 con doña Violeta Chamorro, seguida por el doctor Alemán y por el ingeniero Enrique Bolaños. 15 años de democracia, pero con la sombra del caudillismo o cacicazgo. Hoy tenemos el período de don Daniel. Si él es capaz de retirarse al terminar su período habremos conquistado 20 años de democracia. Si pretende reelegirse continuaremos sin liberarnos de esa plaga histórica llamada caciquismo.