Existe casi un consenso en que el ranking de los mejores torpederos de Nicaragua es encabezado por Rigo Mena. Las discusiones vienen por los demás puestos.
Quienes se dieron el lujo de observar a Mena dicen que su agudo sentido del anticipo, ubicación y poderoso brazo, hacía que todo lo que realizaba pareciera fácil, aunque no lo fuera, y que su bate echaba humo en todo momento.
Se vio privado de llegar a Grandes Ligas, pero no por falta de calidad, sino debido a un confuso manejo de su contrato en México. Pero cuando tuvo chance de medirse a big leaguers, los superó ampliamente, como ocurrió en la Serie Interamericana de 1964.
¿Y detrás de Rigo? Crecí escuchando que el estupendo shortstop de San Isidro, César Jarquín, era quien le seguía, aún cuando aprecié toda la carrera deslumbrante de Bayardo Dávila. De la trayectoria de César hay un sinnúmero de aspectos brillantes, pero las dudas me han asaltado siempre.
“Le voy a decir algo”, me dijo Jarquín un día, con esa humildad que le ha caracterizado: “Nunca he visto a nadie hacer las cosas que hace Dávila con un guante en la mano”. Bayardo acababa de hacer aquella atrapada ante Chinandega en la Final con las Fieras.
Entonces, si Jarquín cree que Dávila está adelante, el tercero tiene que ser él, pero ¿el cuarto quién podría ser? Quizá Gersán Jarquín, quien brilló a nivel nacional y hasta llegó a Triple A en la pelota profesional.
¿Y el quinto short? ¿Qué les parece Edgard López, el rivense que firmó con los Bravos y que tiene una década de ser una autoridad a nivel local y con la Selección Nacional. Viene de ganar el Guante de Oro en el beisbol de Panamá y ha impactado con su juego.
No nos podemos olvidar de Arnoldo Muñoz, quien dejó indelebles huellas con los Leones y la Selección Nacional, y que sobre todo, bateaba cuando importaba.
La discusión está ahí, pero detrás de Mena.