“Todos estos días los niños estaban llorando con hambre y no teníamos que darles de comer, desde el momento que entró el desastre”, relata Yordina Vargas, de la comunidad Rayapura.
Al momento que el huracán Félix impactó el Caribe Norte del país, ella tenía tres días de haber dado a luz a su hija Yordan, que ya cumple un mes de vida. Con ella suma 12 la prole de Vargas.
El problema se agravaba para la familia de Vargas, pues antes de Félix, su cónyuge y ella se trasladaban al otro lado de la ribera y cortaban cabezas de guineo “filipito”, lo dejaban madurar y eso le daban de alimento a sus hijos. “Ahora no hay nada de eso”, lamentó.
La mujer relata que “estaba mal cuando estaba llenando el río”. Su hija recién nacida buscaba alimento en sus pechos sin que pudiese proporcionarle leche y tampoco podía alimentar al resto de sus hijos que pedían comida, mientras el agua casi llegaba a cubrir el piso de madera de la rústica casita, que al igual que otras viviendas del sector son endebles, levantadas en varas de madera.
PRIMERA AYUDA
Por primera vez, en 26 días de ocurrido el huracán, Vargas junto a su prole recibió un paquete conteniendo alimentos varios: azúcar, arroz, frijoles, sal, leche, avena, jabón y un galón de aceite.
Los ojos de Vargas denotan alegría por la cantidad de alimentos que le entregó Acción Médica Cristiana, que es bastante en relación a otras familias, dado el número de sus miembros.
OTRAS COMUNIDADES EN CERO
“Ai Swirka Prubiana”, gritó una de las habitantes de la comunidad Sawa, que en español significa “No nos dejen abandonados”, cuando un equipo de LA PRENSA visitó varias comunidades de Río Coco Abajo, el jueves pasado, donde se constató que sus moradores ya sufren los efectos de la hambruna.
Los habitantes de seis comunidades de ese sector, o no han recibido nada o sólo han recibido ayuda en una ocasión, que por la poca cantidad de la ración ha sido insignificante.
Al igual que Sawa, están Klampa, Bun, Kiwastara, Auyapura, Rayapura y Lwis Cris.
El río aún mantiene crecido su caudal, las casas en zancos, que tradicionalmente se levantan en la ribera del río, han quedado dentro del agua. Muchos de los comunitarios únicamente bajan del piso que queda en alto y en el agua, todavía con color turbio, lavan los trastos de cocina, mientras a su alrededor animales como los cerdos consumen también de esa agua.
De esa misma agua también se están abasteciendo los humanos.
A lo largo de la ribera del río se observan las matas dobladas de guineo “filipito”, cuyas cabezas con el fruto ya no crecerán, quedaron casi en la cáscara y en muchos de los casos los comunitarios así los están cortando para comerlos ya cocidos con sal.
NI EN LOS SUAMPOS
Edgard Siú dice que en Sawa hay 860 personas en 150 familias, que no han recibido ayuda.
“Los hombres salen a rebuscar en los suampos, pero no hay que sacar. Para este tiempo el hombre va al monte a cazar venados, pero ahora ni eso, todos se están muriendo”, comentó Siú.
“Vos vieras en el monte, todos los venados muertos, la malanga toda podrida, ahora no se va a comer bastimento, además el arroz se quedó en cáscara, estaba floreciendo y con el viento botaron todos el polen”, explicó Siú.
El profesor Humberto Felipe Brown, de la comunidad Klampa, lamentó que pese a que el huracán Félix impactó desde el 4 de septiembre, únicamente habían recibido media libra de arroz para siete personas de una pequeña ayuda que les mandó la Alcaldía local. Igual a ellos, dijo, está la comunidad Bun. “El agua está bien contaminada, los niños y los ancianos ahora están con diarrea, gripe, vómitos y calentura, y nadie, ni siquiera los (del) Minsa, han venido a ver”, dijo el maestro, quien pidió además de alimentos, medicamentos y agua.
“Si nos dejan así a la comunidad, ¿cómo viviremos? Nosotros no sabemos, porque ninguna institución nos viene a ver la situación. Todo está podrido, nosotros no sabemos cómo podemos sacar esa comida, con esa llena se está pudriendo todo”, dijo el maestro del lugar.
Brown hizo un llamado a organismos e instituciones de Waspam, a “que no nos dejen abandonados, porque los niños, los ancianos, se van a morir de hambre”.