Ecuador elegirá el domingo una Asamblea Constituyente para establecer cambios profundos, con los que el presidente Rafael Correa buscará fortalecer su Gobierno, terminar con la inestabilidad política de la última década y llevar al país a lo que denomina “socialismo del siglo XXI”.
El Presidente es considerado como “un actor nuevo y novedoso” mientras los partidos políticos “insisten cada vez en lucir como un actor repetido y provocando hartazgo”, afirmó la analista Paulina Recalde, directora de centro de estudios sociológicos Perfiles de Opinión.
Para el sociólogo Hernán Reyes, catedrático de la Universidad andina Simón Bolívar, Correa “sintoniza muy bien con el descontento de la gente, en lo político, y al mismo tiempo, sintoniza muy bien con las aspiraciones y expectativas de la gente en cuanto a sus necesidades: bonos, subsidios, créditos”.
Otros, ven en ese proyecto la intención de “lograr una concentración del poder en los mismos términos que lo ha logrado el teniente-coronel (y Presidente de Venezuela Hugo) Chávez”, dijo el ex vicepresidente y candidato opositor, Blasco Peñaherrera.
“Todo líder o caudillo que anhela el poder absoluto ... disimula sus intenciones con un mensaje redentorista, con un mensaje populista para atraer el respaldo de la mayoría”, añadió.
Nadie duda de una victoria gobiernista. Correa asumió el poder hace casi nueve meses y goza de gran respaldo popular. Su movimiento político, Alianza País, es el favorito para ganar la mayor parte de los 130 escaños asambleístas, según encuestas, mientras que la oposición está debilitada y dividida.
“El país no tiene más tiempo que perder ... yo quiero un cambio profundo en este país porque este país ya no aguanta más”, afirmó Correa, un economista de 44 años, que se declara un cristiano de izquierda y que llegó al poder impulsando la asamblea que fue aprobada en un referendo en abril con casi el 82 por ciento de respaldo. La nueva Constitución será sometida a un referendo.
En la última década, tres presidentes fueron elegidos democráticamente y más tarde fueron derrocados en medio de manifestaciones callejeras que pedían su salida.
La corrupción y pugna de poderes han sido una constante y la economía dolarizada, basada principalmente en las exportaciones petroleras, no ha logrado redistribuir la riqueza en el país donde el 38.3 por ciento de ecuatorianos es pobre y el 13 por ciento es indigente.
Con la asamblea, Correa, que ha anunciado pondrá su cargo a disposición y es partidario de disolver el Congreso, quiere cambiar la correlación de fuerzas políticas y salir de la “larga noche neoliberal” que a su juicio sólo ha beneficiado a pequeños grupos de poder.
Su socialismo del siglo XXI implica una mayor presencia del Estado en la economía, más gasto en salud y educación, y menor peso de la deuda externa en la economía.
Para el analista Teodoro Bustamante, catedrático de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, en la campaña estuvo ausente el debate sobre la nueva Constitución y se reeditaron viejas prácticas políticas como el caudillismo y el populismo.
El mandatario respaldó una polémica destitución de 57 diputados opositores, de los 100 que integran el Congreso y durante su gestión ha mantenido permanentes confrontaciones con la prensa y con sectores productivos.
En lo económico, el analista Vicente Albornoz, de la Corporación de Estudios para el Desarrollo, dice que “la economía no está en recesión pero sí se ha estancado”, principalmente debido “a las señales que da el presidente Correa, que ataca la inversión extranjera, ataca a los bancos, ataca a la minería”.
De cara a la asamblea, cree que habrá “más incertidumbre que hoy” porque no hay un panorama claro de qué buscará implantar la asamblea y cuando se sepa, habrá que esperar qué dicen los inversionistas de eso”.