Ayer, el Justo Rufino estaba de fiesta. Era una noche diferente. Primero fue el homenaje a Evelyn Martínez, la “dama del escenario”, quien recibió flores, placas, discursos y el cariño de todos, incluido el director del Instituto Nicaragüense de Cultura, Luis Morales Alonso.
Hubo mucha emoción, algunas lágrimas y alegría compartida y como siempre el reclamo eterno de los teatristas, de la necesidad de apoyo gubernamental para este festival, que durante 13 años han realizado gracias al tesón de Lucero Millán, Els van Popels y el Grupo Justo Rufino Garay.
Después llegó a escena Rubén Pagura con el Grupo Quetzal y la obra TeLoCanto. No sabíamos qué tipo de presentación haría este juglar de bluyín y camiseta. Por el nombre de su espectáculo, concebido con una definición ideológica muy clara, sabíamos que podía ser panfletario.
Y así comenzó Pagura, un telón de fondo donde dice TLC y él con trazos de brocha gorda escribe encima Te Lo Canto, imágenes de líderes y artistas con frases significativas iban colocándose a medida que avanzaba la noche.
Hasta ahí pensé que sería algo más de lo mismo, cierto remedo de las grandiosas presentaciones del grupo argentino Les Luthiers o aquellas parodias que en Cuba hacía Virulo. Todavía me andaba preguntando si realmente Rubén funcionaba bien en este festival. Tal vez nos hemos acostumbrado a otro tipo de funciones.
Poco a poco Pagura, que es argentino radicado en Costa Rica hace más de treinta años, comienza a diluir las consignas ideológicas con el melodrama, y a darle un toque humorístico a la situación. Él tiene una buena voz, toca la guitarra y la armónica a la misma vez, posee una energía envidiable, salta, vocifera y hace bufonadas.
Pagura ganó en 1973 el Premio Nacional de Teatro al Mejor Actor Debutante, en 1975 el Premio Nacional de Teatro al Mejor Actor, en 1993 el Premio Nacional de Teatro al Mejor Grupo (Teatro Quetzal) y el Premio Nacional de Teatro a la Mejor Obra (Memorias del Ombligo del Mundo).
Todas las canciones interpretadas fueron creadas por él que parodia la globalización, los TLC, los medios de comunicación, la política, las maquilas, etc. Lo apoyan Gladys Chiny Naranjo en la percusión y la voz, y Leo Jiménez en el teclado, secuencias y voces. Ellos tres arman todo un revuelo en el escenario. Gladys tiene una voz hermosa, potente y maneja bien la percusión.
Rubén confiesa estar comprometido socialmente en la lucha contra los tratados de libre comercio, de ahí la clara definición ideológica de su espectáculo, que funciona bien en sus propósitos de difundir sus ideales, pero que no trascenderá más allá en los anales de la historia del teatro, pues no logra saltar los límites que imponen el panfleto y el melodrama.
LLEGA EL SALVADOR
Hoy a las 7:00 p.m. en el Teatro Justo Rufino Garay tendremos la oportunidad de ver al grupo salvadoreño La Bocha Teatro, quienes traen la obra Nuestra Amante.
Este grupo se caracteriza por trabajar un proceso investigativo intenso que involucra diferentes técnicas. Esperamos una noche de pasiones y odios en la escena.