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Bía: Violencia y maldad
Luis Sánchez Sancho

En la popular telenovela brasileña, Bellísima, que está transmitiendo Canal 2 de Televisión de lunes a viernes a las 9:00 de la noche, uno de los personajes principales es Bía (caracterizada por Fernanda Montenegro, laureada actriz brasileña que fue nominada al Oscar en 1999 por su actuación en la película Central do Brasil), malvada mujer que disfruta haciendo el mal a las demás personas, incluso a las de su misma familia.

Sin duda que el autor de esta novela, Silvio de Abreu, escogió el nombre de Bía porque conoce su significado en la mitología griega. Bía representa la fuerza desalmada. Es una de las titánidas, hermana de Cratos (el poder), Zelo (el ardor en el combate) y Niké (la victoria). Bía y su hermano Cratos fueron encargados por Zeus de cegar a Prometeo y ayudarle a Hefesto, el herrero de los dioses, a encadenarlo a una roca en las agrestes montañas del Cáucaso donde un buitre debía devorarle el hígado incesantemente.

Tal fue, según la versión más conocida del mito prometeico, el cruel castigo que Zeus le impuso al titan amigo de la humanidad por haber robado el fuego del cielo que alimentaba las fraguas de Hefesto, para darle la inteligencia al primer hombre que el mismo Prometeo había creado del barro de la tierra.

Bía era hija del titán Palante y de la ninfa Estigia. Y cuenta la leyenda que cuando los titanes escalaron el sagrado monte Olimpo con el propósito de derrocar a Zeus, otros gigantes entre los que estaban los hijos de Estigia no los apoyaron, sino que combatieron al lado del supremo dios olímpico.

Diez años duró aquella terrible batalla en la que el enfrentamiento entre los gigantescos titanes hacía estremecerse al universo. Hasta que por fin, Zeus, ayudado por sus aliados, se alzó con la victoria y mandó a sus adversarios derrotados a las profundidades de los infiernos, donde debieron sufrir el castigo eterno.

Después que terminó aquella guerra que fue conocida como la Gigantomaquia, Zeus recompensó a Estigia por haber puesto de su lado a Bía, Cratos, Zelo y Niké, cuando los mismos dioses del Olimpo huyeron a Egipto donde se ocultaron por temor a los titanes.

Zeus delegó en Estigia su atribución de vigilar que los dioses cumplieran sus juramentos y además la convirtió en la laguna que circunda el mundo eterno de los muertos. Las heladas aguas de la laguna Estigia tenían el poder de darle inmortalidad a quien lograra bañarse en ellas. Por eso fue que Aquiles era invulnerable en todas las partes de su cuerpo, salvo en el talón porque de este fue que lo sostuvo su madre, Tetis, cuando lo sumergió en las heladas aguas de Estigia para hacerlo inmortal.

Bía fue adorada por los griegos de la antigüedad junto a Némesis, la diosa de la venganza. A ambas se les rendía culto en toda Grecia y en el Asia menor helenizada. Sin embargo, el templo principal de Bía se encontraba en la ciudad de Corinto.

Allí, en el centro de la acrópolis (literalmente, la ciudad alta, fortaleza en el centro de la ciudad) había un majestuoso templo que estaba consagrado a Bía, pero en el cual también se adoraba a Ananké, la diosa que representaba el poder irresistible de las leyes de la naturaleza.

Los griegos representaban a Bía como una mujer de aspecto feroz, cubierta con una armadura y blandiendo un mazo con el que daba muerte a un niño.

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