Un día como hoy, 28 de Septiembre, hace ciento ochenta y seis años la provincia de Nicaragua y Costa Rica recibió en León las noticias ocurridas en Guatemala el 15 de septiembre respecto a la independencia.
Reunidos en el salón de sesiones el Gobernador de la Provincia, don Miguel González Saravia. El obispo de la Diócesis de León y Administrador Eclesiástico de Costa Rica, fray Nicolás García Jerez, el coronel Joaquín Arechavala, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento, procedieron a redactar lo que se conoce como el “Acta de los nublados” por la disposición en ella contenida, en la que se acuerda:
1º-La absoluta y total independencia de Guatemala, que parece se ha erigido en soberana. 2º-La independencia del Gobierno Español, hasta tanto que se aclaren los nublados del día”.
Dicho documento constituye nuestra acta de anti-independencia. Desgraciadamente, ni los historiadores ni los políticos, la han analizado.
Por medio de esa acta Nicaragua se separa de su dependencia respecto a Guatemala, a la que por las leyes del nuevo sistema constitucional recién creado debía de quedar subordinada, como muy bien lo dice don Tomás Ayón en sus comentarios; y en un acto de gran temeridad, que más tarde dará lugar a la anarquía, se lanzan a formar su gobierno provisional según se manifiesta del testimonio de la misma acta.
Es de todos conocidos, cuáles fueron los intereses que provocaron dicho documento: Por una parte, la personalidad del propio gobernador González Saravia, quien en este instante de parto antepone sus rivalidades y particulares rencillas personales con el Capitán General Gabino Gainza al proyecto de un estado nación que se avizora.
Por el otro, el odio visceral del mismo González Saravia a todo movimiento independentista, pues siendo hijo del Teniente Coronel don Antonio González Saravia, Comandante General de la Provincia de Oxaca, nunca olvidó su fusilamiento a manos de Morelos un 2 de diciembre de 1812.
El Obispo Fray Nicolás García Jerez (padre de nuestra Universidad Nacional) “era hombre de una sola pieza” como lo describe el historiador eclesiástico, doctor Edgar Zúñiga, “no era de la raza de los que fácilmente se montan en el carro de la victoria”. Su lealtad y corazón estaban con Fernando VII a quien él representaba y su papel según su propia interpretación era ser “conservador del orden”.
La negativa de León a reconocer la Independencia y a aceptar la autoridad de Guatemala fue la causa fundamental que provocó que esta última autorizase a Granada la erección de una segunda junta, hecho que tuvo como resultado, la creación de dos autoridades y la división de la provincia.
Las razones de la Diputación Provincial de León para rechazar la independencia fechadas el 29 de septiembre de 1821 eran de peso: Por una parte los leoneses veían que Centroamérica quedaría indefensa a merced de las grandes potencias y como consecuencia de la misma sobrevendría el desorden, la anarquía, el caos. Ambas se cumplieron, como lo acota en sus comentarios el Dr. Zúñiga.
Nicaragua, cayó en el caos, perdimos Costa Rica, más tarde el Guanacaste. León perdería al andar de los años la capital de la República, su primacía en el episcopado y la clase política tendría como signo su eterna división.
En el Siglo XXI las cosas no han cambiado, seguimos anteponiendo como González Saravia nuestras rencillas y odios personales a los proyectos grandes que pueden abrir el futuro al país.
Por ninguna parte se avizora en nuestra clase política un proyecto de nación. El actual gobierno con una mentalidad del siglo pasado, sigue aferrado a sus esquemas ideológicos en un mundo en que la ideología perdió significado y la competencia y la eficacia son las llaves de eso que hoy se llama globalización.
El costo social económico y político que tuvimos que pagar por la guerra civil de los años ochenta nos colocó en Centroamérica en el lugar más bajo como nación. Hoy somos una nación con un futuro incierto. Ciento ochenta y seis años de independencia nos deben hacer reflexionar con madurez. La lección del “Acta de los Nublados”, es muy sencilla: no podemos aislarnos de Centroamérica, no podemos fabricar nuestro propio proyecto, somos parte de esa gran nación.