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Ser o no ser pobre es la alternativa
Mario Alfaro Alvarado
El autor es periodista

A finales de los años 30 del siglo pasado, el mundo contemplaba inquieto y temeroso el poderío de la barbarie tecnificada del hitlerismo. Parecía que Atila había revivido y se aprestaba a arrasar de nuevo a Europa. En Inglaterra aparecieron dos símbolos, el paraguas del apaciguamiento de Chamberlain y la “V” de la victoria de Churchill, que al desatarse la guerra animó al pueblo británico diciéndole: lucharemos en el aire, en la tierra, en el mar y bajo el mar... y Hitler resultó vencido.

En los grandes momentos de peligro los pueblos tienen que escoger entre el sometimiento vergonzoso o la lucha justa que conducen a la victoria. Invocando la sentencia de Heráclito (544-484 A.C.) “Lo que se da en lo grande también se da en lo pequeño”, podemos imaginar una similitud entre lo que fue grande en aquellos años y lo pequeño en estos años en la diminuta Nicaragua; cuyo destino como nación parece vaticinado por el “to be o not to be” de Shakespeare. Este país se salva o se hunde en la miseria. Todo dependerá si escogemos el paraguas de Chamberlain o la “V” de la victoria de Churchill.

El capricho de dos caudillos hartos de ambición y soberbia, apoyados por sus fanáticos y sumisas gavillas, han juntado sus malas artes para convertir a este país en un fundo de parias. Los megasalarios son la forma más diabólica de empobrecer a un pueblo; porque además de esquilmar a los que trabajan, envilecen a los que los reciben.

La Esso es una empresa de las más ricas y poderosas del mundo, provocar un conflicto asaltando “legalmente” sus instalaciones en Corinto, ¿fue, acaso, una demostración de que este gobierno puede provocar sin consecuencias al imperialismo norteamericano? ¿O acaso es un mensaje muy concreto para decirle a cuantos inversionistas existen en Nicaragua, si esto podemos hacer con un gigante, con mayor razón podemos hacerlo con los enanos?

Los empresarios nacionales recogieron bien el mensaje pero en lugar de defender el derecho de propiedad, peligrosamente amenazados por los abusos gubernamentales, se autonombraron buenos componedores para promover un diálogo entre el Gobierno y la transnacional; diálogo que ninguna de las partes tiene interés en emprender. El Cosep levantó el paraguas de Chamberlain en lugar de empuñar con mano firme la “V” de Churchill para defender el derecho de propiedad, ya que la Esso no necesita defensores. Para atemorizar a la empresa privada el Gobierno acusó a sus críticos de ponerse al lado de la transnacional y en contra de la acción gubernamental. Esto se llama terrorismo ideológico.

La suspensión de la ayuda de Suecia a Nicaragua, tiene más significado del que quiere darle el Gobierno y del que la diplomacia oculta. Nicaragua ha recibido por años la mayor cuota de la ayuda que el país nórdico asignó a todos los demás países favorecidos.

Mientras la falta de una política estatal para promover las inversiones, paso primero y obligado para reducir el desempleo y combatir la pobreza, acciones como el asalto al plantel de la Esso no alientan realmente las inversiones; por el contrario, pregona un clima de hostilidad contra los inversionistas; y sin inversiones no puede haber progreso. Los donantes, no sólo Suecia, se habrán preguntado muchas veces: ¿Cuáles son los resultados reales, comprobables de nuestra ayuda a Nicaragua?. Nicaragua es un país con recursos ¿por qué no los utiliza el régimen para acabar con el desempleo y la pobreza?

Encima de todos los males, de las dificultades, los abusos y la corrupción política que ahogan al país, se extienden una crisis muy severa de confianza y credibilidad. A mayor incredibilidad del Gobierno, mayor es la desconfianza popular. Esta crisis de confianza y de credibilidad es el resultado congénito del pacto Alemán-Ortega.

El pacto es el gran problema nacional, origen de todos los demás problemas en espera de solución. El pacto es el gran enemigo de la estabilidad del país. El pacto divide a los nicaragüenses en pactistas y contrapactistas. Se han borrado los linderos de las ideologías y de las demarcaciones políticas; no hay más que una división: los que ganan con el pacto, unos pocos que ganan mucho, y los que pierden con el pacto, que son muchos.

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