La sangrienta represión de protestas antigubernamentales en Myanmar (conocida mejor como Birmania) ha dejado en un segundo plano los temas llamado a dominar la Asamblea General de las Naciones Unidas.
En vez de abordarse el problema del recalentamiento global y los reclamos de los países pobres, el interés de las delegaciones se ha centrado en la situación que vive el pequeño país asiático, cuya junta militar ha respondido violentamente a una ola de manifestaciones populares encabezadas por miles de monjes budistas.
Por lo menos nueve personas, entre ellas un ciudadano japonés, murieron y 11 resultaron heridas el jueves cuando soldados de Myanmar dispararon contra manifestantes que desafiaban al gobierno, informaron las autoridades.
En Myanmar, el portavoz del gobierno dijo que nueve personas murieron en las protestas en la capital Yangon.
“Hoy, cuando las fuerzas de seguridad intentaron dispersar a los manifestantes, se enfrentaron con ellos”, manifestó el portavoz del gobierno Ye Htut en un mensaje de correo electrónico enviado a la AP. “Durante estos ataques, nueve personas murieron y 11 resultaron heridas. Además, 31 soldados fueron lesionados”.
La radio estatal también indicó que entre los nueve muertos había un japonés. Más temprano, un funcionario de la embajada de Japón en Myanmar declaró a la AP que un periodista japonés que cubría las protestas en Yangon (antes Rangún) para la agencia de vídeo japonesa APF figuraba entre los fallecidos. Tokio protestará ante la junta militar birmana.
Mientras tanto, algunos testigos y un diplomático de un país occidental dijeron a la AP que decenas de personas fueron arrestadas y golpeadas después que los soldados efectuaron los disparos contra la multitud en Yangon.
Las fuerzas dispararon a la multitud en al menos cuatro lugares, después que los manifestantes ignoraron una orden de dispersarse, expresaron los testigos y el diplomático. Hablaron a condición de mantener su nombre en el anonimato por temor a represalias de la junta militar.
Los soldados habían disparado armas automáticas contra una multitud de manifestantes antigubernamentales que marchaban por las calles de la principal ciudad de Myanmar, tras una operación represiva de la junta militar que causó consternación internacional.
En otras partes de la ciudad, miles de manifestantes corrieron por las calles después que los soldados efectuaron disparos de advertencia contra una multitud de unos 70,000 opositores.
Los manifestantes les gritaban a los policías, furiosos por los recientes allanamientos de monasterios budistas. Los soldados habrían golpeado y arrestado a más de 100 monjes.
“Dennos libertad, dennos libertad!”, gritaban algunos manifestantes a los soldados.