Ni siquiera el entusiasmo que nos provoca ver la recta de Vicente Padilla aproximándose a las 100 millas, alcanza para disimular la frustración que ha dejado esta temporada.
Sin embargo, es precisamente ese detalle, el asegurarnos de que su carabina ha vuelto ha funcionar al máximo de su potencia, lo que nos hace volver a ilusionarnos sobre su futuro.
“Me siento fuerte como cuando estaba en Arizona”, comentó hace poco el relampagueante lanzador. En aquellos días en el desierto, (1999-2000), el radar marcaba 98 millas y en ciertos momentos hasta 100. Ahora lo hemos visto a 95 constantemente, con disparos ocasionales de 97 y 98.
No obstante, lo que más nos alegra, es la posibilidad de verlo trabajar con el Chinandega en la próxima Liga Profesional de Nicaragua. Los Rangers lo autorizaron. Y lo autorizan porque Padilla se los solicitó.
Eso garantiza varias cosas: primero, la Liga va a elevar su nivel de atracción. Segundo, su presencia será un gran empujón económico para su Chinandega, y lo más importante, le va a permitir mantener buenas condiciones físicas y llegar listo al entrenamiento de primavera el próximo año.
Padilla ha tenido sus mejores campañas en Grandes Ligas, después de haber lanzado en el beisbol invernal. Y aunque nadie espera que sea un miembro regular de la rotación del Chinandega, el hecho de lanzar le va a obligar a mantener cierto nivel en su condición física.
A sus 30 años —cumplidos ayer—, Padilla sabe que tiene que responder a las expectativas de los Rangers, quienes le dieron un contrato de 33.75 millones.
Pero también sabe que con dos buenos años por delante, aún tendrá la gran oportunidad para aspirar a un contrato tan bueno o mejor que el que tiene.
Si a la gran potencia que exhibe en su repertorio, el nica le agrega una buena cuota de madurez, no duden que su mejor etapa está por llegar, y pronto.