Regreso del Todopoderoso
¡Oh Dios Todopoderoso! ¿Qué fue lo que pasó con esta película para que terminara de esta forma? ¿Cuándo fue que Hollywood perdió la conexión directa con el cielo para acabar estrellados en esta fallida empresa?
Personalmente pienso que Steve Carrel no tiene la altura para papeles cómicos de este alcance. Es demasiado apretado, es difícil identificarse con él y no establece una cercanía con el público. Vayan a verlo y se darán cuenta que las únicas sonrisas durante las dos horas son dos en las escenas cuando le crece la barba... y eso que fue ayudado por los actores secundarios.
Pero bueno, esta historia es la segunda parte del Todopoderoso aquella en la que Jim Carrey protagoniza a un presentador de televisión que es contactado por el mismísimo Dios para cambiar su vida, la de su familia y podría ser, la del mundo.
En esta segunda parte, algo pasó en el camino y Carrey no estuvo en el reparto. ¿Si hubiera estado, la película hubiera tenido otro destino que el de hundirse en el fondo del aburrimiento? Puede ser, aunque creo que hubiera soportado un poco más flotando.
Ok, se arriesgaron con Carrel, el mismo de Pequeña Miss Sunshine, quien hacía el papel de un homosexual con una ruptura sentimental, pero terminaron embarcándose en una aventura que terminó igual que la historia.
Era una inundación anunciada. Carrel no logra igualarse con un personaje que tiene demasiado qué mostrar. La opción de continuar con Dios, se ve superada por algo elemental para mí, que es el haber contactado a un congresista cuando pudo hacerlo con un cualquiera.
Mientras, Morgan Freeman, hace su papel, cumple con su cometido, no quiere lucirse porque sabe que debería ser otro y a veces hasta parece tener un poco de comprensión por un Carrel carente de carisma y atracción.
¿Hay que ser dan duro con una cinta que sólo intenta distraernos? Sí, lo siento. Este intento de comedia pasa a formar parte de las miles de toneladas de basura en imágenes y efectos especiales que produce Hollywood, el monstruo encantador.
Este desperdicio cinematográfico muestra lo fatal que están las cosas y que se necesitará de más de un Dios y una inundación para hacernos gastar horas en una presentación de la que no dan ganas ni de regalarles una carcajada.