El problema de fondo en la Liga Nicaragüense de Beisbol Profesional no es el comunicado que sacó Edwin Cordero, informando que el San Fernando quedaba fuera, para más tarde echarse hacia atrás, generando un agitado debate.
El problema es, la mentalidad que aún impera en algunos directivos, que no logran despojarse de hábitos que les resultaban normales en los torneos aficionados, pero que detienen su desarrollo en el espectro del beisbol rentado.
Los directivos ya se han acostumbrado a cambiar fechas de inauguración de las ligas, modificar sus calendarios, ampliar o reducir los rosters y escoger a los jueces que desean.
Esos hábitos ya debieron ser superados. La liga profesional tiene que diferenciarse de los demás torneos, no sólo por la cantidad de plata que se les paga a los peloteros, sino porque presenta mayor calidad en todo su andamiaje.
A fin de cuentas, hacerte profesional es hacerte mejor en el desempeño de la labor que te corresponde.
Pero, seamos claros: el problema aquí ha sido el San Fernando. Primero por su desorden y después por sus dificultades para conseguir recursos. Tuvo que salir un comunicado indicando que quedaba fuera, para que se reunieran y dijeran que irían en la liga.
Estamos claros que son socios y que para sacarlos había que utilizar los procedimientos de ley, pero lo que no se puede negar es que nunca se supo nada de ellos. No hablaron, ni siquiera para decir que no iban en el torneo, o que se les diera una prórroga.
Pero bien, ahora que se les sacudió la rama, reaccionaron. Falta ver si van a poder con la responsabilidad que van a asumir. Y sinceramente, sus antecedentes no los respaldan.
Cordero, el presidente de la liga, ha dicho que le deben al organismo rector (a la LNBP), que le deben a Union Fenosa y los peloteros están cobrando salarios del pasado torneo.
Ahora que reestructuraron la directiva, la esperanza es verlos salir a flote y cumplir con los requerimientos que se les ha establecido en este momento. Si no pueden, ojalá tengan la humildad de decirlo.