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Manipulaciones para promover una cultura de la muerte en Nicaragua
Matthew C. Hoffman
El autor es reportero de la agencia de noticias LifeSiteNews.com. Sus artículos también han aparecido en el Wall Street Journal, Sunday Times of London, Miami Herald, y muchos otros periódicos

Después de la revelación reciente de que la joven estrella del “aborto terapéutico”, la niña nicaragüense “Rosita”, fuera víctima de su propio padrastro, las feministas que promovieron su caso han estado a la defensiva.

Las representantes de la Red de Mujeres en contra de la Violencia tienen muchas excusas para su comportamiento y su supuesta ignorancia. Una de ellas, María Teresa Blandón, recientemente escribió en este periódico que las feministas no son culpables por el abuso que sufrió la niña durante cuatro años, después de su aborto en el 2003, porque el padrastro es tan engañoso e ingenioso.

Ella retrata a las integrantes del movimiento feminista como corderas incapaces de saber la verdad acerca del verdadero abusador de la niña. Sobre tales personas, los abusadores, María Blandón dice que son “manipuladoras, cínicas, abusivas, egoístas, maleducadas. Están en todas partes, fingen ser personas honradas y por eso resulta tan difícil reconocer y denunciar el abuso sexual contra niñas y niños”.

Pero lo que no se sabe en Nicaragua es que las feministas involucradas se han presentado de una manera muy diferente ante la prensa estadounidense.

En una entrevista publicada en inglés en el año 2003, poco después de conseguir el aborto para “Rosita”, la feminista Marta María Blandón presumió de haber ayudado al padrastro a escapar de las autoridades de Costa Rica, en donde estaba bajo sospecha en la investigación original de la violación de la niña.

Cuando Blandón y su compañera, Lorna Norori, se enteraron de que había una niña nicaragüense de 9 años embarazada, en Costa Rica, ellas y los grupos feministas rápidamente decidieron usarla para promover su campaña pro aborto en Nicaragua.

Admiten expresamente en la entrevista que “desde el inicio una estrategia fue desarrollada por los miembros del grupo de apoyo, que fue creado y liderado por la Red de Mujeres contra la Violencia y muchas otras organizaciones con mucha experiencia en tales asuntos. Esta coalición del movimiento de mujeres sintió que era el momento correcto para promover por una ley ejecutable que se permitiera el aborto terapéutico y reclamar que el Estado tomara responsabilidad para el caso de ‘Rosita’”.

“No podíamos salir de Costa Rica porque los padres tenían que hacer una declaración oficial para el juicio del violador”, dice Blandón. “Aunque el violador de Rosita ya estaba en el cárcel, el juez sostuvo que había pruebas insuficientes en contra suya. ‘Rosita’ y otros niños ya habían testificado que él la había abusado y violado, pero el juzgado no quedó satisfecho. ¿Por qué? Xenofobia, prejuicio en contra de los inmigrantes. Aún había un intento de acusar al padre de ‘Rosita’ del abuso”.

No sólo supieron que el “padre” (realmente el padrastro de la niña) era sospechoso en el caso, sino que además admite Blandón en la entrevista que supieron que él quería huir de Costa Rica: “Nuestra prioridad era sacarles de ahí, que era lo que los padres querían”, dice Blandón. Admite que escondieron sus identidades reales de las autoridades, y luego de establecer contacto con la familia, les ayudaron salir del país: “Al final, tuvimos que pasarlos a escondidas y disfrazados debido a las amenazas del Ministro de la agencia de bienestar de los niños”.

Lo que hace su excusa de ignorancia más increíble, es el hecho que Lorna Norori es terapeuta para víctimas de abuso sexual. Es bien sabido que en muchas circunstancias el violador es alguien cercano a la víctima, a menudo un pariente. ¿Cómo puede ser que una experta en esa área no supiera que pudiera estar ayudando al violador escapar de las autoridades?

Al final de la entrevista, Blandón presume de que “hemos desafiado exitosamente a dos Estados”. Esto se convirtió en el título del artículo, lo que fue publicado en el Women's Health Journal, de la Red de Mujeres de América Latina y el Caribe.

La Red de Mujeres contra la Violencia y otros grupos similares quieren que los nicaragüenses crean que su movimiento pro aborto promueve los “derechos humanos”. Pero sus acciones revelan que, al igual que los bebés por nacer, para ellas todas las personas son objetos de manipulación para promover su cultura de muerte, y no les importan las consecuencias para las personas que la usan.

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