Querida Nicaragua: a propósito de una conversación que tuve hace un tiempo con mi amigo, el entonces embajador de Taiwán don Antonio T. Sai, he pensado muchas veces en cómo sería la Nicaragua nuestra si tuviéramos el buen sentido común y la disciplina para actuar como lo hacen en la democrática Taiwán. Le pregunté a mi amigo sobre las gestiones que habría hecho para lograr ser escogido en el cargo de representante diplomático en un lejano país como Nicaragua. Tenía interés en saber si, igual que aquí, el Presidente escoge a sus amigos de mayor confianza o a sus partidarios para nombrarlos embajadores. Me dijo que en Taiwán el Presidente escoge únicamente al 10 ó 15 por ciento de los embajadores, el resto se hace mediante una escogencia por capacidad. El gobierno tiene abiertas las ofertas para quienes aspiren a cargos en el cuerpo diplomático. Cualquier ciudadano puede aplicar. En la hoja de aplicación se detalla el currículo del solicitante y todos los datos en relación con su preparación académica, sus datos personales, etc.
Lo que más me sorprendió fue que el solicitante omite su nombre, simplemente entra a concurso con un número que está impreso en la hoja de inscripción. Esta solicitud llega al organismo respectivo y es examinada por uno o varios comités encargados del asunto. Ahí se revisan los currículos, las edades, los estudios académicos, etc. etc. y luego se escoge la solicitud mejor calificada. Hasta ese momento se desconoce el nombre del aspirante, el cual está dentro del sobre lacrado que tiene impreso el número del solicitante. Se rompe el sobre y se descubre el nombre de la persona escogida, a quien se le avisa que ha calificado para el cargo.
Como puede apreciarse, en este sistema no hay favoritismo para nadie, ni nepotismo de ninguna clase, ni amiguismo, ni tráfico de influencias ni nada que se parezca a los vicios que padecemos por aquí y que han sido una vieja costumbre desde hace largo tiempo.
El señor Embajador de Taiwán en Guatemala, otro amigo, me confirmó la veracidad de esta forma de escogencia de cargos públicos en su país.
¿Será posible que algún día, aunque sea lejano, podamos aspirar a crear en nuestra Nicaragua un sistema de gobierno que nombre a sus funcionarios tal como son nombrados en Taiwán y seguramente en otros países desarrollados?
Depende de nosotros mismos.
Tenemos que comenzar por cambiar nuestra mentalidad que sufre un nepotismo de siglos. Tenemos que entender que es la capacidad de cada quien la que debe determinar cada uno de los cargos que se requieren en el gobierno. Aquí los señores presidentes nombran en los cargos a quienes son más amigos, o más partidarios, o más zalameros. Y no sólo los presidentes, casi todos somos así, somos los campeones del nepotismo.
Necesitamos cambiar de mentalidad, no sólo ser un pueblo mal alfabetizado como somos, sino que alfabetizado, educado y culturizado. Al pueblo hay que enseñarle valores y esos valores se aprenden en el hogar, en la escuela primaria, también se aprenden con el hábito de la lectura. Se aprenden en una sociedad pacífica y armónica, donde los ciudadanos amen verdaderamente a su país y quieran forjarse un futuro mejor. Esos son sueños para una Nicaragua ideal, me decía un amigo con quien conversaba sobre estos temas. La historia universal nos dice que las grandes realizaciones comienzan siempre con sueños que parecen irrealizables.