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Diego Montoya, el capo conocido como “Don Diego”, fue capturado el lunes por tropas del ejército colombiano. (LA PRENSA/AP)
“Don Diego” trasladado a cárcel flotante
AP
La paranoia del colombiano más buscado

Cuando se es el narcotraficante más buscado de Colombia, la existencia se convierte en un juego frenético de esconderse, huir y desconfiar: todo queda reducido a ganar o perder.

Diego León Montoya se las ingenió para salir airoso ocho años de esa vida furtiva hasta el lunes, cuando maniatado con un pesado chaleco blindado encima pero en calzoncillos miraba a un oficial en la Tercera Brigada del Ejército a quien le decía: "perdí coronel. Ustedes son muy berracos (valientes) y yo perdí".

Este "patrón" del narcotráfico colombiano acompañaba a Osama Bin Laden en la misma lista de criminales más buscados por el FBI.

Aprovechó la quebrada topografía, densa selva y una maraña de trochas y caminos de una región del oeste colombiano para librarse de cientos de operaciones para capturarlo.

También contó con el silencio de los habitantes de numerosas poblaciones controladas por un ejército de unos 2.000 hombres que bajo su mando impusieron terror y le garantizaban una sofisticada protección a él y sus negocios.

El coronel César Pinzón, comandante de la Policía Judicial, la agencia que le siguió los pasos durante casi una década, indicó que "Don Diego", como lo llamaban en el hampa, se libró de nueve vastas operaciones lanzadas en su contra con aeronaves, personal de tierra y motorizados; pero otras 200 de menor envergadura también resultaron vanas.

Para escabullirse de las autoridades no dudó en sacrificar a nadie. En el 2004 envió a su hermano Juan Carlos y su primo Felipe Toro a la manos de las autoridades para distraerlas mientras él desviaba su ruta para ponerse a salvo en otro lugar, recordó Pinzón.

Tras las capturas de su hermano y primo, Don Diego escapó al cañón de las Garrapatas y transformó esa accidentada, selvática y brumosa zona que desemboca en el Pacífico en su trinchera y centro de operaciones.

BOGOTÁ.- Las autoridades colombianas trasladaron al supuesto narcotraficante más poderoso y temido de la última década en Colombia a un fragata de la Armada en el océano Pacífico, tratando así de impedir un eventual rescate.

El jefe de operaciones navales, almirante Edgar Celis, dijo a la AP que Montoya estará recluido indefinidamente en una de las cuatro fragatas de la Armada equipada con misiles. La nave seguirá realizando sus operaciones diarias de interdicción de drogas.

Diego Montoya, capturado el lunes por tropas del ejército, fue transportado el jueves desde una prisión de máxima seguridad en helicóptero y en medio de estrictas medidas de seguridad. Un camarote de la fragata, de unos 91 metros de longitud, ha sido habilitado para que le sirva como celda.

"Yo me atrevería a decir que no hay una ubicación más segura que un buque de guerra para ciertas circunstancias", dijo Celis. Las autoridades desplegarán tres anillos de seguridad alrededor del prisionero, que estará completamente aislado.

El primer anillo de seguridad estará conformado por dos guardias carceleros, el segundo por un equipo de fuerzas especiales tipo comando y el tercero por unidades de la fragata.

PEDIDO EN EXTRADICIÓN POR EE.UU.

Colombia ya utilizó este tipo confinamiento cuando capturó a Anayibe Rojas, alias "Sonia", una guerrillera de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que fue extraditada a Estados Unidos, en donde fue condenada a 17 años de cárcel por narcotráfico.

Montoya, que figuraba en la lista de los 10 fugitivos más buscados por el FBI, es pedido en extradición por la justicia de Estados Unidos donde enfrenta cargos por narcotráfico como líder de cartel del Norte del Valle, el más poderoso del país.

El gobierno dijo que el trasladado de Montoya fue una medida de seguridad preventiva, pues no detalló amenazas concretas de una posible fuga de la cárcel de máxima seguridad.

En esa misma cárcel permanecían Mario Carlos Jiménez, alias "Macaco", y Diego Fernando Murillo, alias "Don Berna", dos ex comandantes paramilitares de extrema derecha, también considerados entre los narcotraficantes más poderosos del país.

MÁS TRASLADOS

En la víspera, el gobierno trasladó a "Macaco" y a "Don Berna" a dos buques de la Armada, pero según el general Eduardo Morales, director del Instituto Nacional Penitenciario de Colombia (INPEC), el traslado de "Don Berna" fue un error y el miércoles en la madrugada fue retornado a la cárcel de máxima seguridad en Boyacá, al norte de esta capital.

"Macaco" fue expulsado del proceso de paz que arranco en el 2003 entre el gobierno del presidente Alvaro Uribe y los paramilitares, ya que según las autoridades incumplió con ese pacto al seguir delinquiendo desde la cárcel.

El acuerdo de paz mantenía congelada su extradición a Estados Unidos, pero ahora el gobierno ha asegurado que tendrá que enfrentar la justicia de ese país.

Macaco y Montoya han rivalizado en el negocio del narcotráfico en Colombia, que sigue siendo el mayor productor de cocaína en el mundo.

ZONA DE CAPOS

Montoya emergió de la región colombiana conocida como Magdalena Medio, en una zona que desde 25 años atrás albergó los emporios de señores de la droga, quienes vieron su fin en los años 90. Esa región, el norte del Valle, también le dio nombre al cartel de narcotráfico que permaneció.

En esa época, Montoya operaba bajo el auspicio de jefes paramilitares que por entonces le brindaban protección, propiedades, hombres para resguardarlo y una "rumba impresionante", según el coronel César Pinzón, comandante de la Policía Judicial, la agencia que le siguió los pasos durante casi una década.

Con traficantes como Orlando Henao, Iván Urdinola y Efraín Hernández se formó Montoya, años como "cocinero" -responsable de los laboratorios en donde se procesa cocaína-. Por esos días, sufrió un accidente de tránsito que lo confinó cinco años a una silla de ruedas y lo dejó renco de la pierna izquierda de por vida.

ESCONDITES, REFUGIOS Y ANILLOS DE SEGURIDAD

Oscar Urdinola Perea, un aliado de Montoya conocido también como "Iguana" y jefe de su brazo armado conocido como "Los Machos", le construyó escondites y refugios para las estadías en el cañón y cuando se cansaba salía a cualquiera de las numerosas haciendas y casas en el Norte del Valle en manos de sus testaferros.

Ahí se rodeaba de un esquema de seguridad que diseñó un ex guerrillero, Gildardo Rodríguez Herrera, conocido como "El Hombre de la Camisa Roja", y consistía en tres anillos de hombres cuidándolo.

El primer círculo eran de 30 a 50 hombres de civil y con armas cortas en las afueras de los municipios de donde estaba, vigilando vehículos y personas ajenas a la zona, lo cual reportaban al jefe de seguridad, que también recibía reportes de otros 20 que con armas cortas y largas avisaban si un área más próxima al capo "se ponía caliente" para moverse de inmediato.

Al lado de "Don Diego" permanecían un máximo de cinco escoltas, regidos por las intempestivas decisiones que adoptaba, como llegar a dormir a un lugar "y a las dos horas de estar ahí acostado todo el mundo, su seguridad inclusive, levantarse y decir 'nos vamos' prenda el carro o súbase a una mula" por desconfianza.

IMPERIO COMENZÓ A FRACTURARSE

Ganadero de profesión y aficionado a los "go karts", de los que hizo construir una pista en la finca Milán, en su área de influencia, Montoya consiguió eludir a la justicia y aún así disfrutar de suntuosas mansiones para encontrarse con sus hijos -tiene dos con su esposa y una niña con otra amante-, parientes o abogados.

Eso sí, al terminar los encuentros furtivos escapaba por si a alguien se le ocurría delatarlo. Las veces que la policía llegó a uno de esos puntos pudo "solo encontrar dos gaseosas o un vaso de whisky servido", dijo Pinzón.

Pero su imperio empezó a fracturarse cuando la policía capturó en enero a su hermano Eugenio, el encargado de la finanzas de la organización.

Carlos Robayo, un ex guardaespaldas del capo que fue capturado en el 2005 en Bogotá, luego aportó información sobre el capo a las autoridades para vengar la muerte de sus dos hermanos.

Con esa información, en las últimas semanas la policía desplegó 250 hombres al cañón de Garrapatas y debilitó a Los Machos y un día antes de que el ejército lo apresara, también se había desmontado una repetidora de su esquema de comunicaciones.

Ahora Montoya permanece confinado en un buque de la Armada colombiana esperando su ineludible destino: una cárcel en Estados Unidos.

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