El huracán Félix partió desde el límite suroeste del Océano Atlántico hacia Nicaragua como un torito.
Tenía esa contextura, pequeño pero definido. Sus bandas nubosas apenas se extendían 150 kilómetros desde su ojo, sin embargo, adquirió la máxima capacidad de destrucción que los ciclones pueden alcanzar, la escala cinco Saffir-Simpson.
Entre el 31 de agosto y el 4 de septiembre Félix recorrió unos dos mil kilómetros, pasando de depresión tropical a huracán de categoría cuatro en cuestión de horas. La fortaleza de Félix le permitió atravesar el “cementerio de huracanes”, una zona en el Mar Caribe, entre Colombia y Venezuela, donde los ciclones se debilitan drásticamente, gracias a que el agua ahí es fría.
Félix no sólo sobrevivió a esta “trampa”, sino que además tomó fuerza. Pasó de la categoría dos a la cuatro.
En menos de 48 horas pasó de depresión tropical a “huracán extremadamente catastrófico”.
Milagros Castro, directora de Meteorología Sinóptica del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), confirmó que Félix se desarrolló con sorprendente rapidez.
“Se desarrolló prácticamente en intervalos de tres horas, es el primer huracán de una evolución rapidísima, severa, que pasó de categorías en cuestión de horas, su desarrollo fue explosivo”, comentó Castro.
FORTACHÓN
Según la especialista, Félix no tenía una gran composición nubosa, pero sí una fuerte contextura.
Su estructura vertical, temperatura y composición, le habría permitido romper con la barrera del cementerio de huracanes.
Cuando impactó en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), a las 4:45 a.m. del martes 4 de septiembre, Félix estaba en categoría cinco, con vientos de hasta 270 kilómetros por hora y ráfagas superiores.
Pero quizá fue esa contextura, de pequeño fortachón, la que engañó a los habitantes y marineros de Sandy Bay y los Cayos Miskitos, que confundieron las características del clima local con el de un huracán al tener un lunes soleado.
Eso les animó a quedarse en la zona del peligro, a pesar del llamado del Ejército de Nicaragua para evacuar.
“No hay reglamento específico para un huracán, debe acabarse la percepción de que no van a pegar en Nicaragua, conocer que según su movimiento así van a ser sus efectos, uno no debe guiarse por las señales (a simple vista), sino por lo destructivo del huracán, de acuerdo con la categoría y el rumbo, la duda, incredulidad, la falta de conocimiento algunas veces nos lleva a grandes catástrofes, entonces tengo que alejarme sin pensar en que si se debilita o no”, explicó la especialista.