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El hambre se apodera de Sandy Bay. Familias conformadas hasta por 12 personas recibieron apenas entre tres y cinco libras de frijoles y soya. Esa cantidad a lo sumo da para dos tiempos de comida. (LA PRENSA/G. MIRANDA)
Ayuda llega a cuentagotas
En la comunidad de Sahsa la situación es caótica, la ayuda no está llegando a todos los afectados
Familias tienen acceso a unas tres libras por cada producto alimenticio
Roberto Pérez Solís y Eugenia Mayorga
nacionales@laprensa.com.ni
Reconocimiento de cadáveres

Ocho efectivos de la Fuerza Naval, dos de medicina forense y autoridades del Gobierno viajaron la mañana de ayer vía acuática para hacer efectivo el reconocimiento de los cadáveres, que fueron enterrados a 20 metros de la playa en la comunidad de Raya en Honduras.

La brigada estará tres días en Raya, ya que para proceder al reconocimiento desenterrarán los cuerpos para tomar las características, fotos y describir el tipo de vestimenta que llevaban.

Según el capitán de corbeta Julio César Zapata, después del reconocimiento se va a ver si es posible trasladar los cuerpos hasta Puerto Cabezas, para que los vean sus familiares como se ha estado haciendo desde que salieron los primeros cadáveres.

Recuento

El Ejército de Nicaragua indica que hay 102 fallecidos, 136 rescatados vivos y 75 desaparecidos. El número de afectados es de 162,373. Se envió a 300 efectivos de la Brigada de Infantería Militarizada (BIM) y del Primer Comando Militar Regional de la RAAN, para apoyar en la reactivación de las comunidades afectadas.

Desde el aire el círculo de destrucción que Félix ocasionó en Sandy Bay, hace algunos días, aún permanece intacto y estremece los nervios. Casas sin techo, otras destruidas por completo o a medias, palmeras caídas como efecto dominó yacen sobre el verde zacate, que predomina en toda esta extensa zona.

En tierra, apenas se baja de los helicópteros venezolanos que sobrevuelan la zona, la situación es más impactante y quizás peor. Los que ya enterraron a sus muertos —según el ex concejal por Yatama, Vicente Pérez Wilfred, se reportan más de 68 fallecidos— siguen sufriendo ahora por falta de comida y agua. La ayuda gubernamental, según relatan, está llegando pero a cuentagotas.

A las l0:44 de la mañana de ayer la nave venezolana aterrizó en la comunidad de Ninayari, a escasos metros de un cementerio y una escuela, cuyos tres pabellones quedaron sin techos producto de los endiablados vientos.

Entre un centenar de pobladores se encontraba Santa Salazar, de 29 años. En sus brazos cargaba a su hijo de cinco meses. La mujer, temerosa al inicio pero tranquila después, dijo que se acercó al helicóptero en busca de comida.

“Ha venido ayuda pero poco, nos han dado comida pero se acabó rápido”, relató Salazar. Soya, arroz, frijoles y un poco de agua es lo que recibieron los pobladores de esta comunidad a inicios de la semana. El problema es que todas las familias tienen acceso a unas tres libras por cada producto alimenticio.

Justan Zelaya, de 45 años y juez local de la comunidad, reafirmó las declaraciones de Salazar. Dijo que hay familias conformadas hasta por 12 personas y recibieron entre tres y cinco libras de frijoles y soya. Esa cantidad a lo sumo da para dos tiempos de comida, explicó Zelaya, mientras observaba bajar del helicóptero a 12 venezolanos encargados de reconstruir la escuela.

Agregó que necesitan lo más pronto otro envío de alimentos, pues hay familias que empiezan a perder la calma, debido a que aún no pueden ejercer labores de pesca y la agricultura debe esperar por lo “malo” de las tierras.

La falta de agua es otro de los problemas que hacen mella en la salud de la población. Los pozos están contaminados. Las letrinas destruidas son una de las principales causas de contaminación y el color azul del agua delata el hecho.

Por esta razón los casos de diarrea se han disparado en los últimos días aunque un miembro de la brigada médica cubana que atiende en el lugar, en una casa de campaña, expresa que por ahora no hay indicios de brotes epidémicos.

NIÑEZ, LA MÁS VULNERABLE

“Hay mucha diarrea, los niños son los más afectados, por eso pedimos que traigan más agua embotellada”, aseguró Roy Escobar, de 37 años y padre de siete niños.

Escobar, quien es juez de la comunidad de Kawasakia, manifestó que otra de las necesidades de la población es el suministro de plástico negro, para ocuparlo como techo. Hay unos que han vuelto a recoger las láminas de zinc que el viento arrancó de los techos de sus casas y las colocan de nuevo, pero otros no corrieron con igual suerte.

Mientras tanto otras comunidades, que también vivieron el suplicio de Félix, invocan por un poco de ayuda que pueda llegar a sus comunidades, como Sahsa, ubicada al norte de Bilwi.

A esta comunidad han llegado 26.6 toneladas de comida y ha sido distribuida, pero sólo en los grupos de pobladores ubicados sobre la vía, por lo que el tormento que puedan estar pasando las personas que viven montaña adentro es angustioso por no tener una gota de agua, y no porque no haya ríos sino por el lodo que los cubre como si fuese una taza de chocolate.

Hasta hoy, después de que han pasado casi diez días del huracán, va otra brigada con ayuda para seguir solventando el hambre en esta zona, dijo Edy Magdonal, jefe del puesto de mando del Sinapred, en la comunidad de Sahsa.

Es una situación desastrosa para la región, pero el problema no se ha desvanecido como lo hizo Félix, el problema empieza ahora porque para la comunidad de Sahsa se está volviendo caótico, la ayuda no está llegando a todos los afectados, agregó Magdonal.

Magdonal dijo que al menos a 15 comunidades en el sector de Sahsa no se les ha llevado lo que es una gota de agua que pueda ser ingerible, “Dios sabrá como está haciendo esta gente para sobrevivir, porque si no se los llevó el huracán lo va hacer el hambre o los brotes de enfermedades”.

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