En los últimos siete años se han presentado 77 solicitudes de indicaciones médicas para practicar el aborto terapéutico, mientras en el mismo período (1999-2005) se han practicado miles de abortos inducidos usando fraudulentamente la figura obsoleta del aborto terapéutico.
La evidencia estadística aportada por el Boletín Epidemiológico del Minsa, en la semana 33 reportada en la página web del Ministerio, revela una reducción significativa del número de muertes maternas (7) muertes maternas menos 74 en septiembre 2006 versus 67 en septiembre del 2007 con una reducción en la tasa de mortalidad materna de 45 a 42 por cien mil nacidos vivos, lo cual representa un logro inobjetable de la comunidad médica, de las instituciones gubernamentales y de los comunicadores sociales en general.
Porque el encendido debate sobre la penalización o no del aborto terapéutico ha generado mayor conciencia social acerca de la responsabilidad individual de la maternidad y mayor respeto a los derechos de los no nacidos nicaragüenses.
De continuar con esta tendencia de reducción en la mortalidad materna, que ha iniciado Nicaragua después de la penalización del aborto mal llamado terapéutico, podemos cumplir las metas de mejoría en la calidad de vida que se ha propuesto Nicaragua para el 2015.
No es cierto como lo demuestra la realidad que sufriríamos una elevación por nueve veces de la mortalidad materna por aborto ni mucho menos la apocalíptica predicción de una muerte materna diario por embarazo ectópico no atendido en los centros asistenciales. Ya que el embarazo ectópico en sí constituye una emergencia obstétrica de tratamiento hospitalario agudo cubierto por las eximientes del Código Penal.
Falta hacer entender a la opinión pública la necesidad de dotar con medios diagnósticos como equipos de ultrasonido portátiles y equipos de monitoreos fetales para todos los centros hospitalarios para continuar disminuyendo la tasa de muerte materna y de los bebés no nacidos.
Muchos colegas se sienten confusos y manipulados por este hecho, cuando la realidad demuestra que la experiencia clínica y el manejo apropiado de las complicaciones médico-quirúrgicas de la primera mitad del embarazo por los médicos gineco-obstetras, médicos generales, internos, residentes y en servicio social están logrando resultados positivos.
No como lo auguraban panfletos pro abortistas sin respaldo epidemiológico en nuestra realidad.
Con los conocimientos actuales no es necesario eliminar a priori al bebé no nacido para “salvar la vida de la madre”.
En el caso del cáncer cervicouterino avanzado es virtualmente imposible un embarazo por los cambios y destrucción que presenta el cuello del útero para permitir la fecundación.
Igualmente la hipertensión arterial, diabetes, insuficiencia renal y otras indicaciones tienen su manejo médico apropiado para cumplir con el juramento hipocrático primum non nocere, o sea, primero no hacer daño.
Se ha pretendido generalizar situaciones extremas de enfermedades que puedan validar el sacrificio de un no nacido inocente, para justificar bajo el manto de la terapéutica muchas otras indicaciones sociales como incesto, violación, embarazo infanto-juvenil e incluso la despenalización total del aborto en Nicaragua, lo cual traería como consecuencia la que vive España, donde en los últimos diez años se despenalizó el aborto en las adolescentes y según datos demográficos actuales se produce cada cinco minutos un aborto en adolescentes españolas con una drástica disminución de la tasa de fecundidad general.
El argumento “inocente” de salvar primero la vida de la madre y dejar desprotegido al bebé no nacido sin derecho a la vida es un argumento del siglo pasado, ya que con los conocimientos actuales en Nicaragua no se justifica una intervención médica a priori para interrumpir la gestación intrauterina aun en los embarazos de alto riesgo obstétrico, sino cumplir con las normas y cuidos prenatales para el parto en condiciones seguras tanto de la madre como del bebé.