El título de la columna de hoy suele referirse a que en muchas ocasiones alguien de la familia no “sale como debiera ser”, a como pensamos y en todo caso tratamos de educar a nuestros hijos e hijas. Es aquella persona que a diferencia de otras nunca estudió, le tocaban las tareas más duras, el camino tomado fue errado (problemas de conducta) y que usualmente lo que prima en estas situaciones son muy disímiles: la falta de orientación en la propia vida hacia objetivos concretos, como es la profesionalización o simplemente no haber podido estudiar, por diversos motivos. Todo lo anterior se origina en el seno familiar y no como producto de las “malas compañías”.
Esta clasificación de “oveja negra”, color diferente a modo de contraste del “rebaño” familiar, donde las demás han salido “blancas”, no pueden ser simplemente eliminadas, ni marginadas, porque “salieron así”. Es en la familia donde se fomentan y se permiten una variedad de conductas, algunas buenas y otras no tanto.
Inclusive en la propia relación padre-hijo puede ser la más desafiante de nuestras vidas, donde los hijos pueden poner a prueba nuestro carácter y evaluar nuestra resistencia más allá de lo que podemos imaginar. Al tratar con una relación personal complicada es importante establecer primero las acciones que califican como difíciles de soportar y cuáles pueden considerarse mucho más controvertidas y potencialmente destructivas.
Lloriquear, estar melancólico y cascarrabias caen todos en la categoría de conductas problemáticas, mientras que la hostilidad, la embriaguez y otras conductas amenazadoras se ubicarían en el otro extremo. La violencia física, el abuso de drogas y alcohol, el abuso verbal y la manipulación emocional son factores serios que provocan angustia y pueden separar a las familias. Para algunos, el distanciamiento se convierte en la única manera de sobrevivir a estas situaciones perjudiciales. Otros elijen hacer lo mejor posible en una situación difícil mediante el establecimiento de normas de conducta saludables, para sobrellevar la relación con el familiar conflictivo.
¿Cómo tratar de resolver este distanciamiento? A través del acercamiento, la comunicación, donde deberán establecerse límites entre el familiar o familiares afectados por esa persona “problemática” que necesita ser atendida, siempre y cuando se respeten esos límites de tolerancia, reflexión y que al menos se abra una puerta a tiempo, de modo tal que la “oveja negra” deje de continuar en el entorno de la oscuridad. Sólo el diálogo, la comprensión de los problemas y su erradicación de forma gradual serán requisitos o condiciones necesarias para tratar de curar las rupturas familiares.
Se tendrá que pensar en estrategias que vuelvan a unir a la familia: hablar y no pelear de sus propios problemas, respetando los puntos de vista de cada uno; será necesario no ignorar nuestros presentimientos, que de hacerlo estaremos avivando los problemas y por otra parte saber escuchar a la persona, que requiere de nuestra atención. De lograrlo, tras un amplio esfuerzo de equipo, de una verdadera familia, nuestro “rebaño” se iluminará una vez más.