Un brazo de la Universidad Federal de Río de Janeiro factura US$ 81 millones al año y quiere ir por más
El año 2007 marca el aniversario 30 de una de las más exitosas asociaciones estratégicas entre el medio académico y el mundo de los negocios en América Latina.
Hace tres décadas la Coordinación de Programas para Posgraduados en Ingeniería de la Universidad Federal de Río de Janeiro, más conocida como Coppe-UFRJ, daba los primeros pasos en la investigación de soluciones para la exploración submarina de petróleo en la Bahía de Campos, al lado de las instalaciones de la petrolera Petrobras.
Una exitosa unión que llevó a la estatal brasileña al liderazgo mundial de esta tecnología, y en Brasil, a la autosuficiencia en la producción de crudo. Como contrapartida, por cada récord de profundidad de perforación conseguido para Petrobras, Coppe se reafirmaba como centro de excelencia.
Esta es sólo una de las líneas de negocio que han ayudado a crecer aceleradamente a la Fundación Coppetec, brazo empresarial de la institución. En 1994 facturaba US$ 542,000 y la cifra aumentó a US$ 81 millones el año pasado. Una verdadera receta de éxito en la que el sector petrolero es responsable en un 40 por ciento, pero que también es demandada por muchos otros sectores, especialmente el vinculado a la energía.
Uno de los proyectos más recientes de Coppe es la construcción, en sociedad con la estatal Eletrobras, de una usina piloto para aprovechar energía de las olas del mar y que será instalada en la costa de Ceará. Un proyecto cuyo atractivo radica en que, entre las ventajas de esta fuente renovable, se aprovecha la baja intermitencia de la fuerza de las olas del mar.
En el mismo sitio que albergará la instalación, una usina eólica genera energía del 20 por ciento del tiempo, mientras que las unidades movidas por olas se acercan al 70 por ciento del tiempo, una proporción que ayuda a amortizar la inversión inicial.
Según la institución, en un período de 10 a 15 años será posible que la tecnología de ondas genere 15 GW, el equivalente a cerca de 15 por ciento de la potencia instalada hoy en Brasil.
“Una capacidad de generación de tres usinas hidroeléctricas como las que se instalarán en Río Madeira y con un impacto ambiental mucho menor”, precisa Segen Stefen, director de Tecnología e Innovación de Coppe.
El proyecto también evidencia los múltiples efectos de la asociación con Petrobras, pues difícilmente sería posible sin el avanzado laboratorio oceánico que se inauguró en 2003 para desarrollar simulaciones de ambiente de exploración de petróleo en aguas profundas.
Por otro lado, desde 2002, en asociación con la canadiense Radarsat, los laboratorios de Coppe realizan un monitoreo submarino para Pemex en el Golfo de México. Inicialmente, el foco era detectar posibles fugas en las plataformas, pero, con el tiempo, otra valiosa aplicación fue, literalmente, bombeada hacia la superficie: “Había emanaciones naturales de hidrocarburos que no podían ser detectadas en la etapa de prospección”, cuenta Stefen.
Como resultado, la institución comenzó a desarrollar una tecnología para apoyar el descubrimiento de nuevas reservas sin dañar el medio ambiente y optimizar la exploración en campos existentes.
PIES EN LA TIERRA
Coppe quiere ir más allá de la prestación de servicios y consultoría. Según el profesor Stefen, el desafío para los próximos 10 años es generar más patentes y productos. “Los alumnos no deben limitarse a producir papers de investigación, sino algo para ser puesto en práctica”, advierte.
Y asegura que, sin un desafío concreto, los estudios terminarán siendo la base para el trabajo de algún colega en Inglaterra. “Sin desafíos tecnológicos reales terminaremos subsidiando la investigación ajena”, dice.
Recuerda que aunque Brasil tenía el 2 por ciento de la producción mundial de documentos científicos de calidad, recibía beneficios por una proporción menor al 1 por ciento de las patentes.
“Si llegásemos al 2 por ciento de la producción de alta tecnología agregada sería una revolución”, agrega. Pero, para esto, advierte que el medio académico debe dejar de considerar la palabra “negocio” como algo malo.
“Debe pensar en negocios. Lograr retornos a partir de ellos es beneficioso para la sociedad y pensar lo contrario es no dar valor a lo que hacemos. Es como si se hiciera mal uso del dinero público”, dice Stefen.
“Por eso estamos volviendo a los productos”, precisa Stefen, tras asegurar que la creatividad no está completa sin un proceso de desarrollo. Y eso exige mayor velocidad de generación de capital. “Sin el dinero, usted necesita 10 años para desarrollar un producto”, dice.
“El problema es que pasados cinco años, la competencia ya lo habrá superado”, agrega, porque el ciclo de innovación tecnológica se va a ir estrechando cada vez más. “Pero si usted decide salir adelante y concluir el proceso, ese futuro competidor podría incluso desistir de la corrida antes de comenzarla”.
Stefen sabe de lo que habla. A pesar del inmenso potencial eólico de Brasil, las investigaciones desarrolladas en este sector nunca alcanzarán la etapa de implementación. ¿El resultado? Brasil tendrá que importar tecnología desde Alemania, que no siempre es la más adecuada para las condiciones del territorio nacional, o no valdrá la pena invertir en tecnología eólica en el país, porque tendrían que gastarse altas sumas para, literalmente, reinventar la rueda.