Reyes de las Olas
Sé que es un poco tarde para hablar de ella, que pronto la quitarán y la mayoría la ha visto, pero cuando llegan este tipo de películas es mejor zambullirse en ellas y celebrar por lo alto su arribo a esta playa de Nicaragua donde estamos hasta el cuello de producciones de Hollywood que sólo nos llenan de basura.
Así que levantémonos y demos un aplauso a Reyes de las Olas que nos deleita con un juego de imágenes de playa, olas, sol y arena, las más difíciles de recrear en producción animada para la pantalla grande y con ello, darnos una lección sobre la calidad que se puede lograr.
Como si fuera un reality show de esos que ahora se hacen por docena y de lo que sea, se cuenta la historia de Cody Maverick, un pingüino habitante de Frío de Janeiro a quien el Gran Z, la leyenda de las olas, le regaló una concha con su inicial y eso lo ha marcado para seguir sus pasos.
Maverick es contactado por un pajarito cazatalentos quien lo lleva a la isla de las olas perfectas, pero también el cementerio del mismo Gran Z quien desapareció tras una competencia con Tanque, el mejor exponente de la soberbia, lo vanidoso y lo estúpido que puede llegar a convertirse un competidor.
Y es aquí donde Maverick deberá encontrar su vocación, descubrir si logrará vencer a un Tanque que literalmente aplasta a sus contrincantes y si tiene el temple para este deporte que hay que gozarlo.
Cada vez que nos adentramos a películas animadas, uno queda asombrado de lo rápido que avanza la producción digital y de lo que son capaces de hacer con las imágenes, incluyendo ahora los primeros planos, como les decía los detalles del agua, la lluvia y la arena, que no pasarán inadvertidos a menos que cerremos los ojos.
También lo destacado es el mensaje que nos deja. No hay que ganar ni tampoco perder y menos esforzarse. Hay que regocijarse de lo que uno hace y con eso tiene ganada la mitad de la batalla y lo demás llega por añadidura.
Lo siento por no haber asistido antes ni haberla recomendado semanas atrás, pero ya tendrán chance de volver a verla y cuando se topen con ella, tírense que las olas harán el resto.