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Ante el desastre en la RAAN

Nicaragua sufre una situación de desastre en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), así como de duelo nacional, por la gran destrucción material y la muerte de numerosas personas que causó el huracán Félix. Todos los nicaragüenses, independientemente de su condición social y económica, filiación o simpatía política, credo religioso y cualquiera otra pertenencia de grupo o identidad personal, tenemos que sentir como propias la muerte de compatriotas causada por el huracán Félix, solidarizarnos con los damnificados y cerrar filas ante la adversidad y en el esfuerzo por la superación de sus daños.

En realidad, prácticamente todos los pueblos del mundo están expuestos a sufrir desastres naturales. Según un estudio de la Universidad de Columbia, Nueva York, divulgado en el año 2005, más de la mitad de los habitantes del planeta (o sea unas 3,300 millones de personas), vive en lugares expuestos a sufrir por lo menos un desastre natural, si no es que más, como los nicaragüenses, que aparte de huracanes sufrimos terremotos y maremotos, erupciones volcánicas, deslaves, inundaciones y sequías, etc. Esto sin mencionar las calamidades políticas causadas por las dictaduras, los conflictos armados y las revoluciones que nos han acompañado y dañado a lo largo de casi toda la historia nacional.

Según el estudio antes mencionado de la Universidad de Columbia, al menos una cuarta parte de la población de 160 países está expuesta a sufrir un desastre, en cualquier momento. En otras 35 naciones, una de cada 20 personas podría ser víctima de tres o más catástrofes provocadas por la naturaleza. Incluso en los países altamente desarrollados y ricos, se presentan de vez en cuando fenómenos naturales que causan graves daños materiales y humanos, por ejemplo por los desbordes de los grandes ríos y las inundaciones en Europa, o el impacto de poderosos huracanes en Estados Unidos, como el devastador Katrina de hace un par de años.

Y lo peor es que según aseguran los expertos en problemas del medio ambiente, meteorología, vulcanología y otras disciplinas que estudian el comportamiento de la naturaleza, las catástrofes o desastres naturales van continuar ocurriendo con más frecuencia y fuerza en los próximos años, debido al calentamiento global de la Tierra y otras degradaciones del planeta causadas por la mano y la actitud de los seres humanos.

Cabe señalar al respecto que el Banco Mundial, en su informe anual sobre desastres naturales, calificó al 2005 como Año Cenit (que significa el punto culminante de algo o de alguien), indicando de esa manera que en aquel año las catástrofes de la naturaleza llegaron a su máxima manifestación. Pero la verdad es que más bien habría que hablar de decenio cenit, porque la cantidad e intensidad de los desastres naturales tiende a mantenerse en el mismo grado, sino es que a superarlo cada vez. Precisamente por eso fue que el mismo Banco Mundial advirtió que no se debe seguir viendo las catástrofes sólo como problemas humanitarios y oportunidades políticas para pedir y recibir más ayuda internacional, sino como retos para trabajar mejor en la reducción de los riesgos y las vulnerabilidades y en la prevención de consecuencias de algunos fenómenos de la naturaleza que son inevitables e incontrolables.

Sin duda que en Nicaragua se ha avanzado bastante en el fortalecimiento del Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres. Sobre todo el Ejército ha demostrado mucha capacidad para realizar Operaciones Especiales relacionadas con las situaciones de desastre. Pero falta mucho que avanzar en esa dirección, porque las catástrofes continuarán ocurriendo y al parecer cada vez con mayor potencia destructiva.

Y no sobra señalar que en el fortalecimiento de la capacidad de prevenir, mitigar y reducir los efectos de los fenómenos naturales, el factor político podría, o más bien dicho, debería desempeñar una función muy importante. Es decir, que los gobernantes no sigan practicando políticas sectarias y excluyentes, que dejen de instigar el odio y la lucha de clases y comiencen a gobernar de manera verdaderamente democrática, predicando y practicando la tolerancia, porque sólo así será posible conseguir la unidad nacional que es indispensable para enfrentar mejor las situaciones de desastre y duelo nacional, como la que estamos viviendo ahora, después del huracán Félix.

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